Es temporada de regreso a clases y en las papelerías de México se libra una batalla silenciosa: el comercio formal contra los útiles piratas. Lápices, colores, pegamentos y cuadernos sin etiqueta, sin certificación y hasta un 70% más baratos inundan los puestos callejeros y mercados populares. Pero lo que parece un ahorro se convierte en una trampa costosa y peligrosa.
Aunque los padres de familia adquieren artículos escolares a precios tentadores, la realidad es que el desembolso termina siendo doble. Los útiles de baja calidad se rompen, se secan o se inutilizan en cuestión de días.