Fabiola exige que su hija, antes de hablar de ella, debería lavarse la boca, pues no son iguales; asegura que no necesita las sobras de nadie y menos las de su hija Fanny. Además, le advierte que, si se siente muy adulta, que se vaya de su casa. Fabiola confiesa que desde hace años no aguanta a Fanny por descarada, mentirosa, hipócrita y más. Niega coquetearle a los amigos de su hija y hace una confesión perturbadora: descubrió que su hija le ha enviado fotografías en lencería a su expareja.