Por: Mtra. Blanca E. Nogami Alvarado | Psicóloga y Psicoterapeuta Ericksoniana | Clínica Rehabilitación Zazil
Lo que llamamos comúnmente adicción es una enfermedad mental que se desarrolla con el constante uso o abuso drogas, legales o ilegales, que son consideradas como sustancias psicoactivas que actúan a nivel del sistema nervioso central, afectando nuestra manera de pensar, sentir y actuar.
Comprender que el consumo constante o excesivo, tarde o temprano causará una alteración en la estructura de zonas importantes en nuestro cerebro, es de vital importancia para prevenir una adicción, también llamada Trastorno por Consumo de Sustancias (término médico y diagnóstico).
Nuestro cerebro es el motor de nuestra salud mental y física; es el que se encarga de todos los procesos que nos hacen ser quienes somos, controla nuestras emociones, pensamientos y acciones. Considerando esto, es importante hacer hincapié en que el uso de sustancias neurotóxicas como las drogas y el alcohol altera la comunicación entre las neuronas y puede provocar cambios permanentes en la estructura y función cerebral, afectando con esto la toma de decisiones, la memoria y el estado de ánimo de quien las consume.
El consumo de drogas y alcohol produce un desequilibrio en la producción y recaptación del neurotransmisor dopamina, alterando el sistema de recompensas natural del cerebro, generando situaciones de placer intensas que a largo plazo reducen la sensibilidad del sistema y provocan una búsqueda compulsiva de la sustancia, por lo que podemos decir que "se empieza a consumir por placer y se termina consumiendo por displacer". Este concepto entonces nos reflejaría con claridad el inminente “secuestro” del sistema de placer y muestra la progresividad del proceso adictivo.
Otra de las áreas dañadas por el consumo es la corteza prefrontal, la cual es responsable de la toma de decisiones, la planificación, el pensamiento y el procesamiento de experiencias sensoriales. Por lo que, al darse las alteraciones, comienzan a aparecer signos y síntomas característicos de una adicción, que van siendo más notables al ir avanzando la enfermedad. Los consumidores comienzan a presentar un declive en sus actividades laborales o escolares, afectación en su apariencia física, comportamientos extraños o inusuales, aislamiento, pérdida del control, irritabilidad, afectación en la concentración, atención y memoria y, por supuesto, una priorización del consumo en su vida cotidiana.
También se producen cambios en el ciclo del sueño, respiración y ritmo cardiaco, funciones vitales involuntarias que son controladas por el tallo cerebral, además de aparecer otros síntomas generales de daño cerebral como pensamiento lento y cambios de humor repentinos.
Por lo anterior descrito, no podemos seguir pensando que el consumo de alcohol y drogas es de carácter inofensivo si no se abusa de estos, o ver el consumo como una conducta transitoria fácilmente erradicable. La falta de una atención temprana, sobre todo en la adolescencia, puede desembocar en una enfermedad mental grave, por lo que, al menor indicio de consumo de alguna droga o el aumento y falta de control en la forma de beber, ya sea en nuestra persona o de un ser querido, debemos considerar fuertemente consultar a un especialista en materia de adicciones.
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