En tiempos de presión y decisiones quirúrgicas, con su reciente convocatoria para el partido contra Islanda, Javier Aguirre vuelve a demostrar por qué su experiencia pesa en los momentos límite y las Chivas salen al rescate. Ante la imposibilidad de contar con jugadores que militan en el extranjero, el técnico de la Selección Mexicana ha optado por una receta que ya le dio resultados: confiar en quienes atraviesan el mejor momento futbolístico en la Liga MX.
Hoy, esa base tiene un nuevo protagonista. Si hace más de dos décadas fue Cruz Azul el salvavidas en una eliminatoria compleja, ahora es Chivas quien aparece como soporte clave en un proceso que busca consolidarse rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026.
¿Por qué Aguirre apuesta por los jugadores de las Chivas?
La lógica del Javier Aguirre es clara: cuando el margen de error es mínimo, la forma actual pesa más que el nombre o la trayectoria. Así ocurrió en 2001, cuando tomó a una base de Cruz Azul que venía de competir al máximo nivel internacional, y así vuelve a suceder ahora con Chivas, que cuenta con un grupo que llega con ritmo competitivo y confianza.
La convocatoria reciente refleja esa filosofía. Varios elementos del Guadalajara atraviesan un nivel destacado en el torneo local, algo que se traduce en intensidad, entendimiento colectivo y adaptación inmediata al modelo de juego. Para Aguirre, eso significa reducir tiempos de ajuste y elevar el rendimiento desde el primer entrenamiento.
Además, esta decisión envía un mensaje positivo al futbol mexicano: el rendimiento semanal en la liga local sigue siendo una puerta directa a la selección, reforzando la meritocracia dentro del grupo.
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La nueva columna vertebral de México y su impacto en el proceso mundialista
El protagonismo de futbolistas del Guadalajara no es casualidad. El equipo vive un momento competitivo que se refleja en la convocatoria, con nombres que aportan equilibrio en todas las líneas y ofrecen variantes tácticas en un contexto donde el cuerpo técnico necesita respuestas inmediatas.
Este escenario también permite observar a nuevos talentos y consolidar alternativas ofensivas y defensivas pensando en el armado final del plantel mundialista. La competencia interna se fortalece y eleva el nivel general del equipo, un factor clave en procesos cortos.
Lejos de ser una medida improvisada, la estrategia confirma la coherencia de Aguirre: rodearse de jugadores en ritmo, con confianza y acostumbrados a competir bajo presión. Esa combinación suele traducirse en equipos sólidos, con identidad y capacidad de respuesta en momentos apremiantes.
En el fondo, la historia parece repetirse con matices distintos. Antes fue Cruz Azul, hoy es Chivas, pero el principio es el mismo: confiar en quienes mejor llegan para sostener el presente y construir el futuro inmediato de la Selección Mexicana.
