El Super Bowl no siempre se decide solo por talento o estrategia. A veces lo define el cuerpo. Y en el caso de Drake Maye, la historia tomó un giro inesperado horas antes del kickoff. El quarterback de New England Patriots jugó el partido más importante de su carrera infiltrado.
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El propio Maye lo confirmó tras la derrota ante Seattle Seahawks. Una inyección analgésica en su hombro derecho, el de lanzar, fue parte del plan para poder estar en el campo. No fue excusa. No buscó esconderlo. Simplemente lo dijo, casi con resignación.
“Me inyectaron, así que no sentía mucho. Estaba listo para jugar y me sentía bien”.
Un hombro dormido no funciona igual que uno sano
Una una cosa es “sentirse listo” y otra muy distinta es sobrevivir a la presión del Super Bowl con el hombro anestesiado. Desde el primer cuarto, algo no se veía normal.
Maye perdió el balón tres veces. Una captura con balón suelto, ya en el cierre del tercer cuarto, terminó en touchdown inmediato de Seattle. Fue el golpe que prácticamente rompió el partido. Después vinieron dos intercepciones más en el último periodo, una de ellas regresada hasta las diagonales.
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¿La lesión fue la causa de su mal partido?
“Sería difícil decirlo. Me sentía lo suficientemente bien como para estar en el campo. Si no, no habría jugado”, mencionó el mariscal de campo.
El problema en el hombro no apareció de la nada. En la Final de la AFC, Maye cayó con todo el peso sobre ese brazo tras un acarreo. Durante la semana previa al Super Bowl estuvo limitado en entrenamientos, se perdió una práctica y apareció constantemente en el reporte de lesionados.
Aun así, insistió en jugar. Llegó a California convencido de que estaba mejor. Entrenó normal los días previos. Y cuando llegó el domingo decidió infiltrarse.
Las estadísticas maquillaron un poco su estado de salud: 27 pases completos, 295 yardas, dos touchdowns. Pero gran parte de esos números se gestaron en tiempo basura. La realidad es que la ofensiva de Patriots nunca encontró ritmo real hasta el último cuarto, cuando el partido ya estaba cuesta arriba.
“Esto duele. Duele mucho. Ellos jugaron mejor que nosotros. No estuvimos a nuestro nivel”, sentenció el QB de segundo año.
