En la NFL, la defensa vive de detalles que casi nunca aparecen en el highlight: una lectura a tiempo, un salto de ruta, una mano que se cuela en la ventana del pase. No siempre se traduce en puntos, pero sí en control del partido. Por eso, cuando un equipo pierde la capacidad de robar el balón, también pierde una parte esencial de su margen para competir.
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Los Jets terminan la temporada sin ninguna intercepción
La noticia principal es histórica y, para New York, dolorosa: los Jets se convirtieron en el primer equipo en la historia de la NFL en terminar una temporada regular completa sin registrar una sola intercepción. Cero, en 17 juegos. Un registro que no tiene precedente desde que la liga contabiliza oficialmente estas estadísticas, y que deja una mancha difícil de disimular en cualquier evaluación de cierre de año.
El dato no llega aislado. La ausencia de intercepciones revela un problema más amplio: la defensa nunca encontró una forma consistente de generar entregas de balón. El equipo terminó la campaña con muy pocos robos totales y, en la práctica, dejó a los rivales operar con demasiada tranquilidad, sin el miedo constante a un error que se transforme en castigo inmediato. Cuando el quarterback contrario juega sin esa amenaza, el partido se vuelve más largo, más cómodo y, sobre todo, más predecible para la ofensiva.
En términos de narrativa, el récord no solo es una estadística curiosa: es un indicador de urgencia. Para el cuerpo técnico y la directiva, el cierre deja una pregunta inevitable rumbo a 2026: ¿cómo se reconstruye una defensa que no pudo generar una sola intercepción en todo un año? Porque en esta liga, si no robas balones, necesitas ser perfecto en todo lo demás. Y eso, casi nadie lo sostiene durante 17 domingos.
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