Hay regresos que se sienten deportivos y otros que se sienten humanos, de esos que te obligan a pausar el scroll. El mar no olvida y tampoco regala segundas oportunidades con facilidad. Por eso, cuando alguien vuelve a entrar al agua después de una experiencia límite, la historia deja de ser “nota curiosa” y se convierte en una prueba de carácter.
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Kai Mckenzie volvió a surfear después de sobrevivir a un ataque de tiburón
Kai McKenzie volvió a surfear con una prótesis, a 18 meses de haber sufrido un ataque de tiburón que le provocó la pérdida de la pierna derecha por encima de la rodilla.
El ataque ocurrió en julio de 2024 en North Shore Beach, cerca de Port Macquarie, en Nueva Gales del Sur, cuando un gran tiburón blanco lo mordió y le seccionó la pierna. La sobrevivencia también tuvo su historia paralela: la reacción de las personas en la playa y la atención inmediata resultaron clave para estabilizarlo y salvarle la vida.
Lo que impacta no solo es el regreso, sino la forma. Una prótesis en el surf no funciona como “solución mágica”: exige reaprender apoyos, timing y control, porque el agua no perdona la mínima duda. Aun así, McKenzie volvió a remar y a ponerse de pie, con un mensaje claro: perdió una pierna, pero no perdió el deporte que define su vida.
En redes, la escena se sintió como cierre de ciclo y como inicio de otro. La historia ahora no se cuenta desde el accidente, sino desde la respuesta: volver al mismo lugar donde el miedo podría ganar y, aun así, elegir el mar.
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