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Dallas y San Francisco: su verdadero ‘sueño americano’

Muchos ‘dreamers’ arriban a Estados Unidos, con la esperanza de encontrar la tierra prometida. Los Cowboys de Dallas y los 49’ers de San Francisco vivieron una época dorada en la NFL, buscando el anhelado ‘sueño americano’ de convertirse en los más ganadores, pero para su infortunio, así se quedaron… soñando.

Dallas y San Francisco
10 Nov 1996: Tight end Eric Bjornson of the Dallas Cowboys gets tackled during a game against the San Francisco 49ers at 3Com Park in San Francisco, California. The Cowboys won the game in overtime, 20-17. Mandatory Credit: Otto Greule Jr. /Allsport|Otto Greule Jr/Getty Images

1995 y 1996. Un niño de edad media lo lee rápido, lo lee de corrido y lo lee fácil. A medida que avanza la vida, los niños se van dando cuenta que las cosas no son tan rápidas, ni se leen de corrido y mucho menos fáciles. Si a los niños se les facilita leer tan rápido 1995 y 1996, hay mucha gente a la que ya le pesa, que lo lee lento y difícil. Por ejemplo a los Cowboys de Dallas y los 49ers de San Francisco, sean aficionados, dueños anteriores, dueños actuales, ex jugadores o jugadores actuales, la situación es la misma. Cada año que pasa, 1995 y 1996 se leen más pesados.

Entender el motivo del pesar es sencillo. Esos eran los años en los que Dallas y San Francisco eran Hernán Cortés y la NFL era Tenochtitlán. Era su liga, ellos eran los mandones que hacían y deshacían como bien les pareciera. De 1990 a 1996, entre ellos se alternaban el poder, pero era una pelea de dos, no había espacio para más.

Conforme fueron creciendo sus conquistas, sus títulos y su prestigio, naturalmente fueron creciendo sus aficiones, sus aspiraciones y sus detractores. El señor Jerry Jones pensó que sus Cowboys podrían ser los Yankees de la NFL, el más ganador con amplia diferencia respecto a su más cercano perseguidor y con el reflector sobre ellos. La familia York-De Bartolo, dueños de los 49ers, pensaban en construir un imperio más sobrio, quizá no tan cerca de los reflectores, pero donde el brillo lo dieran las vitrinas y los trofeos. Los dos se equivocaron.

Desde esos años ninguno de los dos equipos ha vuelto a levantar un ‘Vince Lombardi’. De hecho, ambas franquicias han visto, impotentes, como Pittsburgh y Nueva Inglaterra los han rebasado haciéndose del título de equipos más ganadores al tiempo que suman (o les roban) nuevos aficionados. San Francisco estuvo cerca en 2013, Dallas ni por asomo al Super Bowl. Este año, uno de los dos podría terminar la sequía, la mala racha.

A esta altura de la temporada 2019, la diferencia entre pretendientes y contendientes es bien marcada y tanto Dallas como San Francisco parecen estar en el segundo bando. Uno guiado por su eficiente ofensiva y el otro por su intratable defensiva. Ambos equipos tienen, sin embargo, una duda en la posición más importante, el quarterback. Ni Jimmy Garoppolo ni Dak Prescott han sido probados en grandes escenarios, han tenido subes y bajas como cualquier quarterback decente de la NFL, pero nadie se atreve a darle la etiqueta de élite, esa que tienen Tom Brady, Aaron Rodgers y un selecto grupo más.

Justamente Rodgers, es uno de los contrincantes a los que deberían vencer para llegar al Super Bowl, y en esas alturas, el talento de los equipos suele ser equiparable por lo que la diferencia muchas (no todas) las veces, la acaba haciendo el quarterback y no sé qué tan buena sensación me deja un Jimmy Garoppolo vs Aaron Rodgers o un Dak Prescott vs Drew Brees.

Curiosamente, aquí vuelven a cruzar caminos los dos equipos, uno ya le pagó a un quarterback más de 140 millones de dólares (Jimmy Garoppolo) y otro parece destinado a pagarle al suyo no menos de 180 millones (Dak Prescott). Nunca es sabio meterse con el dinero de otros hombres, pero en esta ocasión, parece un punto perfecto para saber si ambas inversiones valen o valdrán la pena.

Ultimadamente, si pagas esos números, es para dejar atrás los primeros números, los de 1995 y 1996. En pocos meses, sabremos si Garoppolo y Prescott tienen los tamaños para provocar que la conversación alrededor de ellos deje de ser sobre cifras, millones o años y que solo se hable de trofeos.

Por: Pedro Domínguez

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