Durante años, los aficionados a las MMA se preguntaron qué había pasado realmente con la pelea que prometía cambiar el rumbo del deporte femenino. La historia detrás del frustrado combate entre Ronda Rousey y Gina Carano en 2014 no solo es una anécdota de negociaciones fallidas, sino un caso que marcó un antes y un después en la relación entre atletas y promotores dentro de Ultimate Fighting Championship.
Lo que parecía una superfight inevitable terminó derrumbándose por un episodio tan inesperado como revelador: un mensaje de texto que evidenció tensiones internas y un modelo de gestión que, en ese momento, priorizaba el control por encima del diálogo.
Hoy, más de una década después, la narrativa vuelve a cobrar fuerza con el anuncio de su enfrentamiento en 2026, esta vez bajo un enfoque completamente distinto que pone en el centro a las protagonistas y no solo al espectáculo.
Been waiting so long to announce this: Me and @ginacarano are gonna throw down in the biggest super fight in women’s combat sport history!
— Ronda Rousey (@RondaRousey) February 17, 2026
And we’re partnering with the fighter-first promotion @MostVpromotions as well as the baddest streamer on the planet @netflix! This is for… pic.twitter.com/vR9IxchOO2
¿Qué decía el SMS que destruyó la pelea del siglo entre Rousey y Carano?
El episodio decisivo ocurrió cuando Carano recibió por error un mensaje enviado por Dana White que contenía una frase ofensiva hacia ella. "Esta pe... nos está jod..." decía el mensaje.
La respuesta de Carano fue un intento de mantener la profesionalidad, respondiendo: "Creo que enviaste esto a la persona equivocada". Sin embargo, en lugar de una disculpa inmediata o una rectificación, White respondió de manera desafiante: "No creo que lo haya hecho".
Más allá del contenido específico, lo que realmente rompió la negociación fue lo que simbolizaba: un ambiente de presión y falta de respeto que la peleadora consideró inaceptable.
Hasta ese momento, las conversaciones avanzaban con la condición de que Carano tuviera tiempo suficiente para prepararse físicamente tras años alejada de la competencia. Sin embargo, la filtración mediática y la presión pública comenzaron a tensar la relación, dejando claro que las expectativas de la organización no coincidían con las necesidades de la atleta.
El mensaje fue el punto de quiebre definitivo. Para Carano, significó la confirmación de que no existían las condiciones adecuadas para regresar, lo que cerró la puerta a un combate que prometía romper récords de audiencia.
De un modelo de presión a una nueva era centrada en el peleador
El contraste con el presente no podría ser más evidente. La pelea programada para 2026 en el Intuit Dome representa no solo un evento deportivo, sino la culminación de un cambio cultural dentro de la industria, impulsado por promotores como Most Valuable Promotions y figuras como Jake Paul.
Este nuevo enfoque prioriza acuerdos más flexibles, respeto mutuo y condiciones adaptadas a la realidad de los atletas, algo que en 2014 parecía lejano. Para Rousey, el combate simboliza cerrar un ciclo personal; para Carano, recuperar su identidad como pionera del deporte.
Más allá del resultado, el regreso de esta rivalidad representa la oportunidad de reescribir una historia que quedó inconclusa por errores de gestión y tensiones institucionales.
Lo que antes fue un símbolo de conflicto, hoy se convierte en un ejemplo de evolución dentro de los deportes de combate.
Turn it up. 🔊 So blessed. Looking forward to making this walk AGAIN!
— Gina Carano 🕯 (@ginacarano) February 17, 2026
Audio by @stylebender
MAY 16th!@RondaRousey @MostVpromotions @netflixsports @netflix pic.twitter.com/keUQeWcdOJ
