Luego de un larguísimo mensaje que puso a prueba la paciencia de más de uno, AMLO reapareció en la escena pública con un propósito muy claro: defender a los suyos, a sus impresentables y, sobre todo, cobijar políticamente a Rubén Rocha Moya.
Lejos de guardar silencio, Andrés Manuel López Obrador aprovechó las páginas de su recién publicado libro Pueblo, que muchos ya bautizaron como el auténtico “libro de las mentiras”, para lanzar una nueva andanada contra Estados Unidos, bajo la premisa de que cualquier investigación judicial en contra de su círculo cercano no es más que una calumnia orquestada y un guion a modo entregado por abogados.
Entre testigos protegidos y expedientes omitidos
En su peculiar repaso de agravios, el texto acusa al vecino del norte de aplicar sus “viejos trucos” de siempre: testigos protegidos, filtraciones y pruebas hechizas para presionar a gobiernos no alineados, culpando además a México de sus propias crisis de drogas y migración.
Sin embargo, en este ejercicio de fe política se omitió un pequeño detalle que el expediente formal del caso S923 CR 180 en el Departamento de Justicia estadounidense sí contempla: pruebas tangibles. Así, mientras se asegura que el que nada teme la pasa bien, la realidad de los tribunales extranjeros insiste en recordarnos que los discursos rara vez cierran carpetas de investigación.