La violencia contra cantantes de corridos y música regional mexicana no es un fenómeno reciente y, de acuerdo con las historias alrededor de varios casos, uno de los principales factores es la influencia y el poder de grupos del crimen organizado sobre la industria musical. Desde Chalino Sánchez, asesinado en Sinaloa en 1992, hasta casos más recientes como el de Adán R., en 2026, distintos artistas han enfrentado amenazas, presiones o ataques. Los asesinatos de Sergio Gómez, Zayda Peña, Valentín Elizalde, Sergio “El Shaka” Vega, Alex Quintero, Chuy Montana y Ernesto Barajas, así como el homicidio de integrantes del Grupo Fugitivo en Reynosa, han alimentado la percepción de que cantar determinados temas, presentarse en ciertos lugares o incluso interpretar canciones consideradas incómodas puede representar un riesgo en regiones donde el crimen organizado busca ejercer control.