Cuatro años después de su apertura, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) arrastra una estela de sobrecostos, subsidios permanentes y un alarmante repunte de violencia en sus accesos.
La imposición de trasladar las operaciones de carga al AIFA convirtió las carreteras aledañas en una ruta de alto riesgo para los camioneros. Tras salir de la aduana, los choferes deben internarse en vialidades desoladas, a oscuras y sin vigilancia de la Guardia Nacional, como la vía a Tonanitla y el Circuito Exterior Mexiquense.
En estos tramos desprotegidos, grupos armados y encapuchados interceptan los tráileres para saquear mercancías de alto valor, desde tecnología hasta cargamentos refrigerados, aprovechando las múltiples brechas de escape hacia poblados vecinos. La violencia impune en las inmediaciones del aeropuerto no solo expone a los conductores al secuestro y al robo, sino que ha agravado el déficit de operadores que rechazan transitar por la zona.