¿Alguna vez te has preguntado por qué una película de terror puede hacer que alguien grite de miedo mientras otras personas disfrutan cada susto? La respuesta está en cómo funciona el cerebro, pero también en la genética y las experiencias que vivimos desde pequeños.
La ciencia detrás del susto: así funciona el cerebro cuando tenemos miedo
Un ruido inesperado, una escena aterradora o una sombra en la oscuridad pueden ponernos en alerta en cuestión de segundos. El corazón se acelera, la piel se eriza y el cuerpo se prepara para reccionar.
Pero ¿por qué algunas personas disfrutan estas sensaciones mientras otras prefieren evitarlas? La explicación está relacionada con la genética, el entorno y la forma en la que el cerebro interpreta las amenazas.
De acuerdo con la doctora Katherine Brownlowe, neuropsiquiatra del Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio, existen dos factores principales que influyen en la manera en la que experimentamos el miedo: la genética y las experiencias personales.
¿Por qué algunas personas sienten más miedo que otras?
Desde el nacimiento, las personas tienen ciertos rasgos de temperamento que pueden influir en su manera de responder ante situaciones que les provocan temor.
Según Brownlowe, por razones genéticas, algunas tienden a ubicarse en un extremo del espectro del miedo y otras en el opuesto.
Sin embargo, la genética no lo explica todo. Las vivencias también influyen en aquello que nos asusta y en la intensidad con la que reaccionamos. Haber atravesado una experiencia traumática o crecer en un entorno donde el miedo se manifiesta con frecuencia puede influir en nuestra percepción de determinadas situaciones.
Por ejemplo, si durante la infancia una persona observa que su madre siente miedo al ver películas de terror, podría desarrollar una reacción similar ante este tipo de escenas. Así, tanto la predisposición genética como el ambiente contribuyen a moldear la manera en que experimentamos el miedo.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando tenemos miedo?
Cuando el cerebro detecta una posible amenaza, entra en acción la amígdala, una región cerebral relacionada con el procesamiento de las emociones y de la detección de peligros.
Su actividad participa en la respuesta de lucha o huida, que prepara al organismo para reaccionar ante una situación que interpreta como una amenaza.
En este proceso también interviene el lóbulo frontal, que ayuda a evaluar lo que está sucediendo y a regular la respuesta emocional. Esta región permite analizar el contexto y reconocer, por ejemplo, que una escena aterradora pertenece a una película y no a un peligro real.
Los lóbulos frontales ayudan a tranquilizarnos al recordarnos que estamos a salvo y que aquello que vemos es ficción. De esta manera, el cerebro puede evaluar la amenaza y moderar la reacción inicial de miedo.
¿Por qué los niños pueden asustarse más con películas de terror?
La edad también influye en la manera de interpretar lo que nos damiedo. De acuerdo con la doctora, el lóbulo frontal todavía no está completamente desarrollado durante la infancia, lo que puede dificultar que los niños distingan entre una amenaza real y una situación ficticia
El miedo no depende únicamente de lo que vemos o escuchamos. La genética, las experiencias personales y el desarrollo cerebral influyen en cómo reaccionamos ante aquello que nos asusta, incluso cuando sabemos que no representa un peligro real.
