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Una amistad que termina o una mascota que muere, son parte del duelo invisible

“Es sólo un amigo”, “no te claves tanto” o “era sólo una mascota”. Frases como estas pueden hacer que una persona oculte su tristeza justo cuando más necesita apoyo.

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Duelo invisible: qué es, cuáles son sus síntomas y cómo afrontarlo, según la UNAM|Pixabay

La UNAM advierte sobre el llamado duelo invisible, pérdidas que provocan un impacto emocional, pero que no siempre reciben comprensión o reconocimiento social.

Mariana Rodríguez Lugo, académica de la Facultad de Medicina, explicó que estas experiencias ocurren cuando la sociedad determina qué pérdidas considera válidas y cuáles parecen no merecer un espacio para expresar el dolor.

¿Qué es un duelo invisible y cuáles son los casos más comunes?

No todas las pérdidas están relacionadas con la muerte de una persona. La ruptura de una amistad, el fin de una relación amorosa, perder un empleo o recibir el diagnóstico de una enfermedad también pueden desencadenar un duelo.

Entre los casos que identifican especialistas de la UNAM están:

  • La muerte de una mascota, que puede significar la pérdida de un integrante de la familia.
  • Las pérdidas gestacionales, que algunas mujeres atraviesan en silencio debido al estigma.
  • El diagnóstico de una enfermedad, que obliga a adaptarse a una vida diferente.
  • El fin de una relación o amistad, incluso cuando el entorno considera que no es motivo suficiente para sufrir.
  • La pérdida de un vínculo con una persona que vive con demencia, cuando la comunicación y la relación cambian.
  • La pérdida de un empleo, que también implica desprenderse de rutinas, compañeros y proyectos.

¿Cómo afecta emocionalmente un duelo que no puedes expresar?

Cuando alguien siente que no puede hablar de su pérdida, puede terminar por minimizar sus propias emociones. Erika Gutiérrez Martínez, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, señaló que la falta de apoyo social puede llevar a las personas a invalidar su propio dolor.

El duelo también puede afectar la concentración, la memoria y la capacidad para resolver problemas. Además, puede generar agotamiento y dificultar las actividades cotidianas.

Las señales de alerta aparecen cuando la persona deja de cuidarse, se aísla, pierde el apetito, abandona actividades que antes disfrutaba o comienza a juzgarse por la manera en que vive la pérdida.

La tristeza no es la única emoción posible, también pueden aparecer culpa, enojo, vergüenza e incluso una sensación de libertad, como puede ocurrir después de cuidar durante mucho tiempo a un familiar enfermo.

¿Qué hacer para superar un duelo invisible?

Las especialistas de la UNAM recomiendan empezar por reconocer lo que se siente, sin comparar la propia experiencia con la de otras personas ni exigirse estar bien de inmediato.

Buscar apoyo en familiares, amistades o personas que hayan pasado por situaciones similares puede ayudar a procesar la pérdida. Si el malestar lo requiere, también es recomendable acudir con un profesional de la salud mental.

Mantener la alimentación, la actividad física y las rutinas cotidianas es otra forma de autocuidado. La idea no es reprimir el dolor, sino aprender a convivir con él mientras se recupera el espacio para las actividades que dan sentido a la vida.

Historias reales: cuando una amistad, un trabajo o una mascota dejan un vacío

Estudiantes de la UNAM compartieron experiencias que muestran cómo estas pérdidas pueden afectar la vida cotidiana.

Aura Xally Gómez López contó que sufrió por el fin de una amistad de tres años. Aunque intentó salvar el vínculo, recibió comentarios que minimizaban su tristeza porque, para algunas personas, se trataba “sólo de un amigo”.

Emma Paola Granados, por su parte, relató la incertidumbre que sintió al perder su empleo como profesora suplente. No sólo tuvo que buscar una nueva oportunidad laboral, sino despedirse de las personas y las rutinas que formaban parte de su día.

También está el dolor por la muerte de una mascota. José Luis Tovar Sagrado recordó la ausencia de su perro, que había crecido con él y cuya cama vacía le hacía sentir que faltaba un integrante de la familia.

Estas experiencias tienen algo en común, el dolor no necesita la aprobación de los demás para ser real. Cada persona vive el duelo a su ritmo y merece un espacio para expresar lo que siente.

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