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Taddei se va del INE, pero deja una bomba de sospechas con contratos por 514 millones

Las dudas no se archivan con una renuncia. Detrás de la salida de Taddei quedan señalamientos, transferencias millonarias y preguntas incómodas sobre quién debe rendir cuentas.

La salida de Guadalupe Taddei de la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE) no borra los señalamientos de presunta corrupción, conflictos de interés y posibles irregularidades por 514 millones de pesos. Se va la titular, pero las preguntas sobre su gestión permanecen.

Contratos millonarios y vínculos bajo sospecha

De acuerdo con los señalamientos expuestos, una empresa con apenas cinco empleados habría recibido 180.4 millones de pesos y transferido 167 millones a otras cuatro compañías. A esto se suman el congelamiento de cuentas por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera y reportajes sobre los vínculos del entorno de Taddei con un proveedor.

Las imágenes de su hijo en una suite en París, un chofer con poder legal sobre una empresa contratista y una camioneta blindada cuyo origen se explicó como un préstamo alimentaron los cuestionamientos.

El costo de perder la credibilidad

Ninguna de estas escenas demuestra por sí sola un delito; sin embargo, la acumulación de señalamientos exige explicaciones, no silencios ni salidas que pretendan cerrar el capítulo.

El problema va más allá de una presidencia: ¿cómo puede el árbitro electoral exigir confianza si su propia credibilidad está bajo cuestionamiento?

Taddei se va, pero las dudas siguen ahí y mientras no se esclarezcan los hechos, la rendición de cuentas seguirá siendo una exigencia pendiente.