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Ningxia: Campo de la esperanza (Tráiler)

Donde las montañas Helan y el río Amarillo se encuentran, Ningxia ha logrado algo que otras regiones en esta misma latitud nunca consiguieron.

Latitud 37 norte, una de las franjas más áridas del planeta: menos de 200 milímetros de lluvia al año, frente a una evaporación que supera los 2 mil. El déficit hídrico, en términos absolutos, es brutal.

Y sin embargo, aquí, donde las montañas Helan y el río Amarillo se encuentran, Ningxia ha logrado algo que otras regiones en esta misma latitud nunca consiguieron: convertir el desierto en un oasis verde en el que hoy crecen los campos y los viñedos, y los humedales florecen llenos de vida.

En la ciudad de Lingwu, la maquinaria agrícola inteligente, el riego digital y los sistemas de gestión inteligentes se fueron introduciendo progresivamente en los campos, lo que permitió que la agricultura pasara gradualmente de basarse en la experiencia a basarse en los datos.

Agricultura ecológica sostenible

Pero en Ningxia la comprensión que la gente tiene del agua va mucho más allá del riego, y a unas decenas de kilómetros, en el espacio de arroz y pesca de Helan, el uso de una misma gota adquiere otras posibilidades. La gente local está recuperando estos ecosistemas mediante un modelo de agricultura ecológica que es sostenible.

Gracias a una colaboración que ha traspasado montañas y mares, los habitantes de Xihaigu han salido de las montañas y se han establecido a los pies de la cordillera de Helan.

La cooperación entre Fujian y Ningxia ha permitido a los migrantes establecerse con tranquilidad y empezar a explorar nuevas oportunidades laborales.

En la ladera oriental de las montañas Helan, en el paralelo 38 norte, se encuentra una de las regiones vitivinícolas más importantes de China.

Luchar contra a naturaleza

De las tierras áridas a los premios internacionales, la vertiente oriental de la cordillera de Helan solo necesitó una generación para reinventarse. Sobre el desierto de Gobi, ha construido su propia respuesta.

La gente de Ningxia no ha intentado luchar contra la naturaleza. La ha escuchado con la tenacidad característica de los habitantes del Gobi, aprendió del agua y del suelo, ha aplicado la ciencia y tecnología donde hacía falta echando raíces en montes y campos.

El río Amarillo fluye sin cesar, testigo del esfuerzo de los habitantes de esta tierra. El cambio aquí no ha sido un regalo de la naturaleza, sino que ha sido una respuesta forjada por la gente común con constancia y dedicación.

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