Antes de que los debates presidenciales se convirtieran en una cita habitual de las campañas, México tuvo que aprender a mirar a sus candidatos frente a frente, no bastaba con los discursos de campaña ni con las promesas pronunciadas ante una multitud: había llegado el momento de responder, defender un proyecto y enfrentar las críticas del adversario ante millones de personas.
1994: el debate presidencial que paralizó la atención de México
El 12 de mayo de 1994, esa confrontación llegó a las pantallas de televisión, la cita fue n el Museo Tecnológico de la Comisión Federal de Electricidad y sin saberlo, cambiarían la historia para siempre, tres hombres se sentaron a discutir el rumbo del país: Ernesto Zedillo, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI); Diego Fernández de Cevallos, del Partido Acción Nacional (PAN), y Cuauhtémoc Cárdenas, del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
No era una elección cualquiera; México llegaba a ese encuentro después de meses que habían sacudido su vida política, la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el asesinato de Luis Donaldo Colosio y el inicio de una crisis financiera componían el telón de fondo de una campaña en la que la incertidumbre acompañaba la discusión sobre el futuro nacional.
Aquel debate, moderado por Mayté Noriega, fue transmitido por televisión y contra toda expectativa logró una enorme audiencia.
Colosio puso sobre la mesa la idea de debatir
El 28 de noviembre de 1993, el mismo día en que fue nombrado precandidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio invitó a sus adversarios a debatir públicamente. La propuesta abrió la posibilidad de contrastar proyectos ante los ciudadanos, más allá de los mensajes de campaña.
Ese mismo día, Cuauhtémoc Cárdenas le envió una carta para proponerle un debate entre ambos, al otro día, el propio Colosio extendió la invitación por escrito a Cárdenas, Diego Fernández de Cevallos y Cecilia Soto, candidata del Partido del Trabajo (PT).
En marzo de 1994, Colosio fue asesinado y el PRI designó a Ernesto Zedillo como su sustituto; durante el debate no todos los candidatos participaron, en aquel momento estaban:
- Cecilia Soto, del PT
- Jorge González Torres, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM)
- Pablo Emilio Madero, de la Unión Nacional Opositora
- Rafael Aguilar Talamantes, del Frente Cardenista de Reconstrucción
Pero ninguno de ellos fue contemplado.
Diego Fernández de Cevallos llevó la confrontación al terreno personal
Con Ernesto Zedillo, Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas frente a frente, el intercambio no tardó en pasar de las propuestas a los cuestionamientos sobre la legitimidad política de los contendientes.
Fernández de Cevallos centró buena parte de sus críticas en Zedillo. El panista cuestionó que el priista hubiera llegado a la candidatura después del asesinato de Colosio y señaló que su designación también planteaba un problema democrático.
"La primera lo rebasa, no tiene usted ninguna culpa, pero la segunda lo descalifica, por lo menos si hablamos de democracia", le dijo.
Zedillo respondió con una acusación distinta: reprochó a su adversario utilizar la figura del candidato asesinado para obtener réditos políticos.
"En vez de estar lucrando políticamente con su imagen, debería usted pedirle una disculpa a la familia Colosio", contestó.
La discusión dejó claro que el asesinato de Colosio no era un asunto que pudiera mantenerse al margen de la campaña. Su ausencia estaba presente en la propia candidatura priista y se convirtió en uno de los puntos de mayor tensión entre los participantes.
Pero Fernández de Cevallos también dirigió sus cuestionamientos hacia Cárdenas. Aunque anunció que dedicaría la mayor parte de su tiempo a Zedillo, aprovechó su intervención para poner en duda que el candidato perredista representara una alternativa democrática.
"Yo quiero dedicarle la mayor parte de mi tiempo al doctor (Ernesto) Zedillo por lo que representa, pero estos minutos son para usted, ingeniero (Cuauhtémoc) Cárdenas", expresó.
Después, cuestionó la posición de Cárdenas frente al gobierno y la oposición, al asegurar que existía una contradicción entre ambas posturas. La discusión se convirtió así en una disputa por algo más que los votos: quién podía presentarse ante los electores como una verdadera alternativa política.
Un debate que no impidió la victoria del PRI
El impacto del encuentro televisivo no se tradujo automáticamente en el resultado de las urnas, en aquel momento, y con una gran polémica Ernesto Zedillo ganó la elección presidencial de 1994 con una ventaja superior a los 22 puntos porcentuales, pese a las críticas que recibió durante el debate.
El propio priista describió posteriormente aquellos comicios como "legítimos, pero inequitativos", una frase que reflejó las controversias que acompañaron la elección.
El debate del 12 de mayo quedó como una referencia para las campañas presidenciales posteriores. Desde entonces, los encuentros entre candidatos se consolidaron como espacios para contrastar propuestas, exhibir diferencias y medir la capacidad de respuesta de quienes aspiran a gobernar el país.
