El joyero de la familia real británica posee piezas de valor incalculable, pero ninguna arrastra tanta polémica, misticismo y tensión geopolítica como el diamante Koh-i-Noor. Con un valor estimado en el mercado que supera los 400 millones de euros, esta gema de 105 quilates permanece actualmente bajo resguardo en la Torre de Londres. Su enorme peso histórico ha llevado al rey Carlos III a evitar por completo su uso en ceremonias oficiales, manteniéndolo lejos de las coronas reales para evitar disputas internacionales y respetar una antigua leyenda popular.
La frase que define la historia de esta piedra preciosa proviene de un antiguo texto hindú que advierte sobre su posesión: "Quien posea este diamante dominará el mundo, pero también conocerá todas sus desgracias. Solo Dios o una mujer pueden llevarlo con impunidad". A lo largo de los siglos, la profecía pareció cumplirse, ya que los líderes varones que lo tuvieron en sus manos terminaron perdiendo sus reinos o perdiendo la vida de formas muy trágicas.
La maldición del diamante
El Koh-i-Noor pasó por las manos de emperadores mogoles, gobernantes iraníes y soberanos afganos antes de integrarse al patrimonio del Reino Unido. La historia registra que cada rey o guerrero que se hizo con la joya mediante batallas sangrientas sufrió traiciones o derrocamientos familiares.
Cuando la Compañía de las Indias Orientales confiscó la piedra en el siglo diecinueve y se la entregó a la reina Victoria, la monarquía británica decidió no arriesgarse por miedo a que se cumplieran las amenazas del texto. Desde ese momento, sólo puede ser utilizado por las mujeres de la familia. Así, la gema pasó por las coronas de la reina Alejandra, la reina María y, finalmente, la reina madre Isabel, quien la portó durante la coronación de su esposo en 1937. Durante la planeación de la coronación de Carlos III, la reina Camila tomó la decisión de romper la tradición y no utilizar dicha corona, eligiendo una pieza alternativa para no revivir las polémicas alrededor del diamante.
Maharaja Ranjeet Singh Bazaaring. Lahore, 1840. He wears the accursed Koh-i-noor on his arm. @ambrin_hayat @DalrympleWill @Chemburstudio pic.twitter.com/MSiBoC1wea
— Don't Panik (@dpanikkar) September 20, 2017
El conflicto diplomático entre cuatro países
Más allá de las leyendas sobre la mala fortuna, la verdadera razón por la cual la corona británica mantiene la joya bajo llave es el reclamo de propiedad que sostienen cuatro países asiáticos. Las naciones que exigen formalmente la devolución del Koh-i-Noor son:
- India: El gobierno de Nueva Delhi afirma que el diamante fue extraído de las minas de Golconda y extraído ilegalmente de su territorio durante la época del colonialismo británico, por lo que exigen su retorno como un acto de justicia histórica.
- Pakistán: Las autoridades de este país sostienen que el último propietario legal antes de la entrega forzada a la corona británica fue el maharajá del imperio sij, cuyo centro de poder político se ubicaba en la ciudad de Lahore, actual territorio pakistaní.
- Afganistán: El régimen afgano ha reclamado la pieza en diversas ocasiones, argumentando que los gobernantes del antiguo imperio durrani tuvieron la posesión legítima de la gema antes de que los conflictos internos los obligaran a cederla.
- Irán: Teherán también ha reclamado muchas veces que a ellos les pertenece legpitimamente porque hubo un periodo en que el sha de Persia tomó el control de la joya tras invadir el norte del subcontinente indio.
Ante las constantes peticiones diplomáticas, el gobierno británico se mantiene renuente a devolverlo, y aseguran que la entrega del diamante se realizó bajo un tratado legal y que la pieza es un elemento no negociable de la colección estatal. Mientras el conflicto político sigue sin resolverse, la gema continúa guardada como un recordatorio de los tiempos coloniales que el rey Carlos III prefiere no exhibir en público.
