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¿Por qué han permanecido tan poco tiempo en el cargo los Primeros Ministros de Reino Unido de la última década?

¿Por qué el Reino Unido cambia de primer ministro en tan poco tiempo? La respuesta corta es la economía, pero el problema de fondo es mucho más profundo.

Primeros Ministros de Reino Unido
|Reuters

Si tienes la impresión de que el Reino Unido cambia de gobernante a cada rato, no estás imaginando cosas. Es una realidad. Con la reciente renuncia de Keir Starmer, quien dejó el cargo tras apenas dos años, el país europeo se prepara para recibir a su sexto primer ministro en menos siete años.

Este nivel de inestabilidad es algo fuera de lo común en la política británica. Presidentes van y vienen, pero ¿Por qué un país que solía ser el ejemplo de la estabilidad hoy parece ingobernable?

La economía y los estragos del Brexit a 10 años del abandono de la Unión Europea es en parte responsable, pero el cambio de Primer Ministro provoca inestabilidad que, a su vez, provoca que no permanezcan mucho tiempo en el cargo.

La crisis económica es cada vez peor

La razón principal por la que los primeros ministros británicos están durando tan poco en el poder es que ninguno ha logrado arreglar una economía que lleva años estancada. Cuando la gente siente que su vida es cada vez más difícil y cara, termina castigando a quien esté sentado en la silla presidencial.

Aunque los salarios han subido en papel, cuando se les resta la inflación, la realidad es que la gente gana casi lo mismo que hace años. El sueldo promedio semanal apenas llega a las 494 libras (unos 651 dólares), un crecimiento de menos del 1% en los últimos tiempos.
Los ciudadanos británicos están pagando hoy los impuestos más altos registrados en las últimas décadas.
Factores internacionales, como el impacto de la guerra con Irán en los precios de la energía, y decisiones internas como el Brexit, han encarecido los productos básicos. Para este año, se espera que la economía británica crezca un deprimente 0.8% o 0.9%.

Los últimos gobernantes (Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss, Rishi Sunak y ahora Keir Starmer) prometieron reactivar el crecimiento económico como su máxima prioridad. Ninguno lo logró. El caso más extremo fue el de Liz Truss, quien duró menos de dos meses en el cargo tras proponer un plan de recorte de impuestos sin fondos que casi destruye los mercados financieros del país.

No hay continuidad

Un problema grave de que cambie el primer ministro es que no se va solo; se va todo su equipo. En el sistema político del Reino Unido, cuando llega un nuevo líder, se cambian también a los ministros de todas las áreas (salud, economía, educación, etc.) para pagar favores políticos o acomodar a gente leal.

Esto provoca que los funcionarios no tengan tiempo ni de aprender cómo funciona su oficina antes de ser reemplazados. Como ejemplo real: en un periodo de cinco años, el país llegó a tener nueve ministros de pensiones distintos.

Con ese nivel de rotación, es imposible armar proyectos a largo plazo para arreglar problemas estructurales urgentes, como la falta de vivienda, el transporte o la infraestructura pública que se está cayendo a pedazos. Los gobernantes entran en un "modo de supervivencia" diario, apagando fuegos políticos en lugar de planear el futuro del país.

La sociedad está muy dividida

El análisis político más profundo compara la situación actual de Gran Bretaña con lo que vivió Francia a mediados del siglo pasado (la Cuarta República), una época en la que los gobiernos colapsaban uno tras otro porque la sociedad estaba completamente fragmentada.

Hoy en el Reino Unido, las redes sociales han potenciado divisiones muy marcadas en la población que hacen casi imposible que un líder mantenga el apoyo de una mayoría por mucho tiempo. Hay un fuerte choque entre los adultos mayores (que generalmente ya tienen casa propia) y los jóvenes (que pagan rentas altísimas y sienten que el futuro les fue robado).
El debate eterno sobre las consecuencias del Brexit y las posturas ante conflictos internacionales, como el de Gaza, mantienen a la sociedad polarizada.

Keir Starmer ganó las elecciones en 2024 prometiendo un "cambio" tras 14 años de gobiernos conservadores. Sin embargo, al no verse mejoras económicas rápidas, la ciudadanía se desesperó y le dio la espalda en las elecciones locales de mayo, lo que terminó con su salida.

El próximo primer ministro británico —que todo apunta a que podría ser Andy Burnham— heredará exactamente el mismo panorama: una economía débil, una deuda pública gigante y un país impaciente que exige resultados inmediatos. Si el próximo gobierno no logra estabilidad y un plan real a largo plazo, la puerta giratoria de Londres seguirá sumando nombres a la lista de líderes caídos.

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