Durante dos años, el estado de Sinaloa ha estado marcado por una narcoguerra entre “Los Chapitos” y “La Mayiza”, sin que el gobierno estatal pueda terminar con esta violencia que cobró la vida de muchos niños, niñas y adolescentes. Esos menores de edad tenían sueños y merecían un futuro que les garantizara alcanzar sus metas.
La opinión de Uriel Estrada
“Hoy quisiera pedirles un minuto de silencio por los niños que han matado la guerra en Sinaloa, que hoy cumple 2 años.
Pero hay un problema, un minuto no alcanza. Si guardáramos un minuto de silencio para honrar la memoria de cada uno de los 174 menores de edad asesinados estos dos años en Sinaloa, documentados por organizaciones civiles como la Red por los Derechos de la Infancia en México, este comentario tendría que quedarse en silencio durante una hora y ni siquiera estaríamos contando a todos los que han muerto en esta guerra.
Así que no les voy a pedir 174 minutos de silencio, les voy a pedir que durante los minutos que dure este comentario no los veamos como una cifra, que pensemos en ellos como lo que eran: hijos.
Juan Alejandro era un bebé. Ricardo Misael tenía 15 años y salió a comprar un biberón para alimentar a unos gatitos que había rescatado.
Gael y Alexander eran hermanos. Dana Sofía tenía 12 años.
Son solo algunas de las víctimas.
Todos estos casos deberían perseguir a quienes han gobernado Sinaloa durante estos dos años, principalmente, de violencia imparable.
Rubén Rocha Moya, el gobernador que no pudo parar esa ola de inseguridad. Rocha tuvo tiempo para explicar la crisis, para dar cifras, para prometer que las cosas iban a cambiar.
Las familias no necesitaban que su gobierno aprendiera a explicar la guerra, necesitaban que lograra detenerla.
Y ahora Graciela Domínguez, la gobernadora, dice que quiere una paz que se sienta en las calles, en las escuelas y en los hogares.
Para muchas familias, gobernadora, en sus hogares ya hay una silla que esa paz no va a volver a ocupar porque acabaron con la vida de sus hijos.
El ‘rochismo’ pudo cambiar de persona en la silla del gobierno, pero no cambió la narcoguerra. Por eso hoy no voy a pedir un minuto de silencio porque después de dos años, Sinaloa ya ha tenido demasiado silencio por las víctimas y mucho ruido por las balas.
Sinaloa necesita que alguien responda por Juan Alejandro, por Ricardo, por Gael, por Alexander, por Dana, por cada niño cuyo nombre nos falta.
Las víctimas no necesitan un minuto de silencio, necesitan justicia”.