La violencia ha dejado huella en Sinaloa en los últimos dos años, con más de 3 mil asesinatos. Niños y adultos por igual están entre las víctimas, atrapados en la lucha por el poder entre narcotraficantes.
El inicio de la “narcoguerra” fue una balacera que duró 40 minutos en Culiacán el 9 de septiembre de 2024.
Los enfrentamientos y narcobloqueos se extendieron una semana. La vida se paralizó. Hubo suspensión de clases y cierre masivo de negocios.
Todo por la traición a Ismael “El Mayo” Zambada el 25 de julio de 2024. Días después, el líder histórico del Cártel de Sinaloa, en una carta, reveló que Joaquín Guzmán López lo emboscó para entregarlo a Estados Unidos. Se desató el infierno.
Las facciones de “Los Chapitos” y “La Mayiza” comenzaron la batalla por el territorio y los sinaloenses quedaron en el fuego cruzado. El gobierno local quedó anulado. Hoy se sabe que el gobernador Rubén Rocha Moya estaba en uno de los bandos, que los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán pagaron para que ganara la elección.
Los colectivos aseguran que los desaparecidos también son alrededor de 3 mil. Es el costo de sangre de un estado con narcopolíticos, de una lucha intestina entre “Los Chapitos” y “La Mayiza”, que al parecer nadie puede ni quiere parar.