En medio de tanta impunidad, pareciera que la “soberanía” termina siendo un escudo para proteger a políticos corruptos, un manto que evita que sean investigados o juzgados.
Pero eso sí, la palabra “soberanía del pueblo” solo protege a los suyos, mucho antes de que puedan rendir cuentas claras, como el caso de los 10 de Sinaloa, en donde figuras clave como Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza han salido librados pese a que Estados Unidos los vincula con Los Chapitos.
En lugar de permitir que enfrenten a la justicia en el extranjero, el discurso de la soberanía determina que primero deben ser investigados en México; válido, pero ¿y si es el mismo gobierno que se niega a investigarlos?
Además de ser un escudo, también es un arma de doble filo, que puede utilizarse para confrontar a los rivales y cuestionar a quienes están fuera del grupo gobernante, porque este manto de impunidad solo cubre a los “amigos”.