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VIDEO: San Andrés Mixquic: Así se vive la tradicional Alumbrada del Día de Muertos en Tláhuac

En Mixquic, así como en otras partes del país, la frontera entre la vida y la muerte no existe; se disuelve entre la devoción y el festejo.

Mixquic 2 de Noviembre alumbrada nocturna
Vista aérea del panteón de San Andrés Mixquic.|Azteca Noticias

La cita se cumplió como cada año y el humo denso del copal envolvió el aire fresco de la noche en San Andrés Mixquic. No era un silencio sombrío, sino un murmullo cálido, pisadas sobre pétalos y guitarras lejanas.

Entre el aroma penetrante del cempasúchil naranja y el perfume dulce de la variedad de flores, el panteón de este pueblo originario de Tláhuac, en la Ciudad de México (CDMX) se transformó en un mar de luz dorada.

Miles de velas brillaron e iluminaron las tumbas, iluminando los rostros de familias enteras que velan junto a sus muertos.

Niños entre los pasillos, abuelas acomodando el mole, los alimentos y el pan de pulque; catrinas por doquier, desfilando entre la multitud.

En Mixquic, así como en otras partes del país, la frontera entre la vida y la muerte no existe; se disuelve entre la devoción y el festejo.

Visitantes de todo el mundo y vecinos del barrio caminan hombro con hombro, atrapados por la magia sobria pero desgarradora de la llamada Alumbrada.

Mixquic, una parada obligatoria para festejar el Día de Muertos

Mixquic, entre la tradición y lo sagrado

Para la comunidad de Mixquic, esta tradición de siglos no es un espectáculo turístico, sino una cita sagrada e irrenunciable. Desde la iglesia de San Andrés hasta la última esquina del camposanto, cada vela encendida es una guía para que las almas encuentren el camino a casa.

El esfuerzo de semanas limpiando tumbas, cosechando flores y cocinando los platillos favoritos de los que ya partieron cobra sentido en este abrazo colectivo que se concreta el 2 de noviembre.

Es la síntesis perfecta del México ancestral y el contemporáneo: el dolor transformado en memoria festiva, el respeto a los antepasados hecho luz.

En Mixquic, la muerte no da miedo; se le recibe con la mesa puesta, la música encendida y los corazones abiertos. La tradición sigue más viva que nunca.