Las recientes imágenes provenientes de Cuautla, Morelos, encendieron las alarmas y revivieron a un fantasma que paraliza a América Latina. Hombres armados, actuando con total impunidad, bajaron a la fuerza a los pasajeros de una unidad de transporte público para después prenderle fuego a plena luz del día.
Hoy, la combi en llamas nos obliga a plantearnos una pregunta incómoda sobre el rumbo del país y el temple de quienes están en el poder para enfrentar al crimen organizado.
La opinión de Andreina Andrade
“Cuando vi las imágenes de Cuautla, cuando vi las imágenes de hombres armados bajando a la fuerza a la gente en una combi para después prenderle fuego.
Yo pensé en El Salvador.
Podría ser una imagen típica de San Salvador de 2010.
Pero no, es Cuautla en Morelos, es nuestro México.
Pensé en quien iba allá adentro, en la señora que iba a trabajar, en el muchacho que iba a la escuela, en el chofer que sólo quería llevar dinero a su casa.
Allá en El Salvador empezó así, si el chofer no pagaba la renta, no pagaba la extorsión a la pandilla, pues entonces quemaban el camión.
El Salvador llegó a ser el país más violento del mundo sin estar en guerra y el Gobierno también de izquierda, por cierto, de Mauricio Funes, en lugar de frenar a las pandillas, se sentó a negociar con ellas.
Claro que años después lo condenaron, ¿pero le suena eso de abrazos y no balazos?
Hasta que un fin de semana, en 2022 mataron a más de 80 personas en cuestión de horas y llegó la mano dura.
Nayib Bukele se olvidó de los abrazos y le dio su lugar a los delincuentes.
Una cárcel de máxima seguridad, sin ningún tipo de privilegios.
Y entonces la gente volvió a salir de noche.
La gente volvió a confiar, volvió a salir a las calles, volvió a vivir sin miedo.
¿Qué pasaría si mañana en México quien esté en el poder tenga el mismo temple para manejar el crimen organizado?
Yo no quiero que México tenga que escoger entre vivir con miedo a los criminales o con miedo a un Estado que no hace absolutamente nada.
Por eso hoy, con esta combi en llamas, se los digo claro, México.
Aguas, porque en algún momento El Salvador también pensó que a él no le iba a pasar”.