Christian Mbilli llegó a Riad con los puños cargados de ambición y una marca invicta que parecía anunciar una noche de peligro para Saúl Canelo Álvarez. Se encontró con algo más difícil de descifrar que un golpe poderoso. Un campeón que sabe leer los movimientos del rival antes de que termine de ejecutarlos. Después de 13 meses fuera del ring, el mexicano regresó con una victoria por decisión unánime, le quitó el invicto al camerunés y recuperó el campeonato supermediano del Consejo Mundial de Boxeo. Su mejor arma no fue la pegada. Fue todo lo que consiguió evitar.
Canelo entró a The Venue, en Riad, bajo una pirámide prehispánica, con imágenes de la cultura mexicana y Tito Double P cantando junto a¿aél. La escenografía anunciaba una noche de reivindicación. En el encordado el espectáculo fue mucho más cerebral. El mexicano volvió a demostrar que el boxeo también se gana con los ojos, con la cintura y con la capacidad de hacer que el adversario pelee contra su propia desesperación. Los jueces valoraron la actuación con tarjetas de 115-112, 116-111 y 117-110.
La clave del triunfo de Canelo
Vestido de verde olivo, Álvarez dejó que Mbilli tomara la iniciativa. El camerunés, de rojo, avanzó con combinaciones y buscó imponer su ritmo, pero encontró una defensa que parecía conocer de antemano el destino de cada golpe. Canelo inclinaba el torso, movía la cabeza, esquivaba por centímetros y respondía cuando su rival quedaba expuesto.

En el tercer asalto llegó una escena que retrató la diferencia entre ambos. Mbilli intentó conectar en corto y Canelo lo hizo fallar con movimientos de cintura y cuello. Después lo invitó a golpearlo. No era una concesión, era una provocación de alguien que confiaba en su capacidad para controlar la distancia y anticipar el siguiente movimiento.
La experiencia se convirtió en una ventaja cada vez más visible. Canelo recorría el ring sin regalar posiciones, esperaba que Mbilli se abriera y encontraba espacios para castigar. En el sexto round soltó las manos, conectó combinaciones al rostro y un uppercut que encendió al público. Pero el trabajo más importante seguía ocurriendo en defensa. Cada golpe que Mbilli lanzaba al aire era energía que no podía recuperar.
El mexicano también encontró en los ataques al cuerpo la manera de reducir el impulso de su rival. Mbilli seguía avanzando, aunque cada vez le costaba más sostener la intensidad. En uno de esos intercambios perdió un punto por un golpe en la nuca, sancionado por el árbitro Héctor Afu.
La inteligencia también gana campeonatos
La derrota ante Terence Crawford en septiembre de 2025 había dejado a Canelo sin sus cuatro cinturones de las 168 libras. Después llegaron la cirugía de codo y 13 meses de ausencia. El regreso no consistía únicamente en recuperar una corona, también debía responder a las dudas sobre lo que quedaba de aquel boxeador que durante años dominó la división.
Mbilli ofreció fuerza, juventud y presión. Canelo respondió con lectura, defensa y oficio. No necesitó convertir la pelea en un intercambio salvaje ni perseguir el nocaut para imponer su superioridad. Supo cuándo esperar, cuándo esquivar y cuándo cobrar cada error.
La decisión unánime le devolvió el cinturón verde y oro del CMB y dejó su récord en 64 victorias, tres derrotas y dos empates. A los 36 años, Canelo recordó que la experiencia no es una cifra acumulada en el récord. Es saber dónde estar cuando llega el golpe, cómo evitarlo y cuándo responder.
Saúl "Canelo" Álvarez sigue dominando la pelea y no cede terreno. 😤🔥 #BoxAzteca #CaneloMbilli #CaneloXAzteca 🔴 DISFRUTA LA PELEA EN VIVO AQUÍ: https://t.co/P7EXPCv6Lp https://t.co/Xg10eFUNrf
— Box Azteca (@BoxAzteca7) October 31, 2026
En Riad volvió a ser campeón y lo hizo con una lección de boxeo que remarca que todavía se tiene el control es conseguir que el rival no pueda tocarte.
