La actual cosecha de tomate en Sinaloa no se parece a ninguna otra en más de dos décadas. La imposición de una cuota compensatoria por parte de Estados Unidos al jitomate mexicano, aplicada desde julio pasado, cambió por completo el panorama para productores y trabajadores del campo. La primera consecuencia fue inmediata: menos hectáreas sembradas y decisiones urgentes para ajustar volúmenes.
En Culiacán, durante el primer corte de la temporada, el movimiento en los surcos y empaques continúa, pero bajo una nueva realidad. Productores reconocen que el arancel, que ronda el 17 por ciento, obligó a replantear la planeación. De acuerdo con representantes agrícolas, en campo abierto se registró una reducción cercana al 17 % en la superficie destinada al tomate, y algunos agricultores optaron por migrar hacia otros cultivos para evitar el impacto directo del gravamen.
Jornaleros del sur sostienen la cosecha
Pese a la incertidumbre, los jornaleros del sur del país siguen llegando a Sinaloa. Desde Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Chiapas viajan cada año para trabajar hasta ocho meses en el corte y empaque del jitomate. Para muchos, como Rosalinda, originaria de la sierra de Veracruz, este empleo representa el sustento principal de sus familias. El ingreso en el norte supera con creces lo que podrían obtener en sus comunidades de origen.
En los empaques, mujeres y hombres seleccionan tomate cherry, bola y saladet a gran velocidad. Aunque el temor a una menor demanda está presente, el trabajo no se ha detenido. Productores subrayan que dependen de esta mano de obra migrante para mantener activa la cadena agrícola.
Diversificación y riesgo compartido
Ante el nuevo escenario, algunas empresas han decidido diversificar. En zonas como Aguaruto, cerca de Culiacán, se alternan cultivos como pepino y se realizan pruebas con frutos como arándanos para reducir la dependencia de un solo producto. También se han dejado algunas tierras ociosas, particularmente hacia Navolato y La Palma, reflejo visible del ajuste productivo.
Se estima que alrededor de 400 mil trabajadores participan de manera directa en actividades que van desde la siembra hasta el empaque. Lo que ocurre en los campos del norte impacta de forma directa en la economía de miles de familias del sur de México.