Cuando la temperatura aumenta demasiado, el cuerpo pone en marcha mecanismos para intentar mantener y establecer su temperatura. Pero si la exposición al calor es excesiva, esta capacidad puede verse rebasada y las consecuencias también pueden alcanzar al cerebro.
Así afecta las altas temperaturas al cerebro
La UNAM ha señalado que las altas temperaturas pueden influir en la salud mental. Mario Alberto Arias García, de la Facultad de Psicología de la UNAM, explica que estudios basados en evidencia muestran que el calor puede modular regiones cerebrales encargadas de regular el estado de ánimo, incluidas aquellas relacionadas con conductas agresivas y depresivas.
Uno de los riesgos más graves de la exposición excesiva a temperaturas elevadas es el golpe de calor. De acuerdo con el ISSSTE, señala que esto ocurre cuando el organismo alcanza temperaturas superiores a los 40 °C y que el sistema nervioso central es el encargado de regular la temperatura.
Cuando el organismo ya no logra controlar adecuadamente su temperatura, pueden aparecer alteraciones que involucran directamente al funcionamiento cerebral.
Entre ellas están la confusión, agitación, irritabilidad, problemas para hablar, delirio, convulsiones y, en casos graves, estado de coma.
Además, también advirtió que la exposición excesiva al calor puede provocar daños en órganos vitales, incluido el cerebro. Por ello, el golpe de calor constituye una emergencia que requiere atención médica cuando la persona no logra mejorar al ser retirada de la exposición al calor.
El calor y la salud mental
Los efectos del calor no se limitan a las alteraciones neurológicas que aparecen durante un golpe de calor. La UNAM también ha abordado la relación entre las temperaturas elevadas y la salud mental.
Las altas temperaturas pueden modificar la actividad de regiones cerebrales relacionadas con el estado de ánimo, incluyendo conductas agresivas y depresivas.
Esto permite entender por qué una ola de calor no debe considerarse únicamente como un problema de deshidratación. Las temperaturas extremas pueden presentar un riesgo para el funcionamiento del organismo y, cuando se presenta un golpe de calor, pueden producirse alteraciones que afectan directamente al sistema nervioso.
El calor, no solo se manifiesta en la piel, la sed o el cansancio. Cuando las temperaturas son extremas y el organismo deja de ser capaz de regular adecuadamente su temperatura, el cerebro también puede resentir sus efectos.
