Las protestas en Francia reflejan algo más que el descontento por el costo de la vida, son demandas legítimas que evidencian las consecuencias del gobierno de Emmanuel Macron que durante años recurrió al gasto público, el endeudamiento y los subsidios para sostener promesas que hoy resultan difíciles de financiar.
La opinión de Andreina Andrade
“Miren, lo que está pasando en Francia no son simples marchas violentas contra lo caro de la vida y la falta de recursos.
Son miles de personas, muchas de ellas jóvenes, a las que un sistema acostumbró a estirar la mano y exigir dádivas y a recibir sin dar.
Ese sistema tiene nombre: populismo.
El gobierno de Macron se vendió como moderno, pero terminó haciendo lo mismo que cualquier populista, o sea, gastar lo que no tenía para comprar paz social.
Entonces endeudó a su país de una manera exorbitante para cumplir sus promesas y hoy los recursos se acabaron. Ya no hay dinero para alimentar tantos privilegios.
Ojo, las razones de quienes marchan son legítimas, no pueden comprar una vivienda, la educación de calidad es un lujo y no tienen un presente estable.
Pues ya no hablemos ni del futuro, pero la versión del opresor y el oprimido es una farsa.
A ver, piénsalo así: tu ropa cada año cuesta menos porque hay competencia. En cambio, la salud, la escuela, la vivienda, todo eso que controla el gobierno solo aumenta de precio y los subsidios, en vez de ayudar, encarecen todo.
El populismo provoca el incendio, te convence de que el culpable es el capitalismo y luego te pide más poder para apagarlo.
Y en México, cuidado, esa película ya la estamos viendo con los programas sociales.
La salida no es pedir más, es generar competencia y mercado, porque si en libertad no hay avances en oferta, no hay oportunidades y no lo olvides: lo regalado siempre sale caro y alguien, alguien lo está pagando”.