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¿Por qué la Ciudad de México puede sentir fuerte un sismo ocurrido a cientos de kilómetros?

Descubre por qué un sismo con epicentro lejano se siente con fuerza en la CDMX y cómo el suelo de la capital amplifica el movimiento sísmico.

Palacio de Bellas Artes de la CDMX.
|Pixabay.

Cuando la alerta sísmica suena en la capital mexicana, el miedo de inmediato se apodera de los habitantes. Muchas veces, descubrimos que el epicentro del sismo se ubica a cientos de kilómetros, como en las costas de Guerrero u Oaxaca. Sin embargo, los capitalinos sienten el movimiento con una intensidad aterradora.

Este fenómeno tiene explicaciones científicas que involucran la geología y la física. La Ciudad de México posee características únicas que la convierten en una verdadera trampa sísmica, lo que explica por qué la distancia no siempre garantiza seguridad.

¿El epicentro es siempre la zona donde tiembla más fuerte?

Las personas suelen creer que la mayor destrucción ocurre justo encima del origen del temblor. Sin embargo, la ciencia demuestra lo contrario. El epicentro del sismo señala únicamente el punto en la superficie terrestre justo arriba de la ruptura de la falla.

La intensidad del movimiento depende de otros factores, como la profundidad, la dirección en la que viajan las ondas sísmicas y, sobre todo, las características del terreno local.

En múltiples ocasiones, comunidades ubicadas a muy pocos kilómetros del epicentro sufren daños menores comparadas con ciudades lejanas que reposan sobre terrenos inestables.

¿Por qué un sismo puede causar más daños lejos del epicentro?

La respuesta reside en un fenómeno conocido como amplificación de ondas. Cuando la energía del temblor viaja por la corteza terrestre, encuentra diferentes materiales en su camino. Si estas ondas sísmicas chocan con terrenos blandos, su velocidad disminuye drásticamente, pero su amplitud crece para lograr conservar la energía. Esto significa que el suelo experimenta sacudidas mucho más amplias y prolongadas.

Cabe recordar que la CDMX representa el ejemplo perfecto de esta situación, ya que las ondas sísmicas viajan desde las costas y, al ingresar al Valle de México, se topan con condiciones geológicas que magnifican la fuerza del terremoto, lo que provoca que los edificios oscilen peligrosamente a pesar de la enorme distancia respecto al origen.

¿Qué tipo de suelo puede aumentar los daños de un sismo?

Los terrenos blandos, arcillosos y con altos contenidos de agua multiplican el peligro durante cualquier evento telúrico. Los aztecas fundaron Tenochtitlán sobre un inmenso sistema de lagos. Hoy en día, gran parte de la Ciudad de México descansa sobre esos antiguos sedimentos lacustres.

Este tipo de suelo funciona exactamente como una enorme gelatina. Cuando las ondas de un sismo lejano llegan a este depósito de arcilla, la cuenca atrapa la energía sísmica y la hace rebotar de un lado a otro. Este tipo de suelo prolonga el movimiento y aumenta la violencia del temblor.

¿Cuál es la diferencia entre epicentro e hipocentro?

Para comprender mejor los reportes sismológicos, es necesario diferenciar estos dos conceptos. El hipocentro, también llamado foco sísmico, señala el punto exacto en el interior de la Tierra donde la falla se rompe y libera la energía acumulada, de acuerdo con el Instituto de Geofísica de la UNAM. Este lugar puede situarse a unos pocos kilómetros o a profundidades extremas de cientos de kilómetros.

Por su parte, el epicentro constituye el punto en la superficie de la Tierra ubicado verticalmente justo por encima del hipocentro. Los sismólogos y medios de comunicación utilizan el epicentro para ubicar geográficamente el evento en los mapas, pero el hipocentro resulta vital para que los expertos calculen la verdadera magnitud y el potencial destructivo del movimiento telúrico.

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