El impacto de los terremotos del 19 de septiembre en México no se limitó al conteo de los daños materiales ni a la tragedia social; sacudió desde sus cimientos a la Presidencia. La respuesta gubernamental tras las contingencias de 1985 y 2017 dejó al descubierto el abismo entre dos modelos de gobierno: por un lado, un régimen autoritario y hegemónico paralizado por el burocratismo y el temor a perder el control; por el otro, una administración presidencial urgida de sobreexposición mediática para contener el costo político de la crisis que superaba la realidad.
¿Qué hizo Miguel de la Madrid en el terremoto del 85?
Tras el letal sismo de magnitud 8.1 que sacudió a la capital el 19 de septiembre de 1985, la respuesta del presidente Miguel de la Madrid Hurtado se caracterizó por un pasmo institucional que duró más de 36 horas. En un sistema político acostumbrado a la figura del "Estado omnipotente", el Ejecutivo federal optó inicialmente por el silencio y la minimización del desastre.
La primera reacción de la Presidencia no fue el despliegue inmediato de auxilio, sino la protección de una imagen de estabilidad nacional. En su primer mensaje a la nación, emitido horas después de la tragedia, el mandatario sostuvo una postura de autosuficiencia que se tradujo en una decisión histórica y profundamente cuestionada: el rechazo inicial a la ayuda financiera, médica y técnica ofrecida por la comunidad internacional.
Reportaje completo: Terremoto del 85 vs. Huracán Otis
Bajo la premisa de que México contaba con los elementos necesarios para superar la contingencia, la administración de De la Madrid frenó el ingreso de brigadas extranjeras de rescate. Sin embargo, la realidad desbordó por completo a las autoridades. Ante el colapso de los servicios básicos y la inacción gubernamental para remover escombros en los hospitales y edificios colapsados, la ciudadanía tomó las calles.
Vecinos, estudiantes y trabajadores organizaron las labores de rescate, alimentaron a las víctimas y gestionaron campamentos de damnificados, rebasando al aparato estatal. La presión popular y la magnitud de las pérdidas humanas obligaron al Ejecutivo a rectificar días más tarde para aceptar auxilio internacional, pero el daño político era irreversible. Meses después, en la inauguración del Mundial de 1986, el reclamo se hizo notorio, pues De La Madrid recibió abucheos que quedaron registrados.
¿Cómo respondió Enrique Peña Nieto tras el sismo de 2017?
32 años después, el terremoto de magnitud 7.1 que impactó al centro del país el 19 de septiembre de 2017 puso a prueba a la administración de Enrique Peña Nieto. A diferencia de la opacidad de 1985, el Ejecutivo federal reaccionó bajo una lógica de gestión inmediata del riesgo y comunicación continua.
A las pocas horas del evento, la Presidencia activó el Comité Nacional de Emergencias, ordenó el despliegue del Plan DN-III-E y el Plan Marina, e instaló centros de mando en las zonas más afectadas de la Ciudad de México, Morelos y Puebla. La estrategia política del gobierno se centró en proyectar una imagen de control, encabezando conferencias de prensa recurrentes y recorridos en campo acompañados por las cámaras de televisión.
El gobierno de Peña Nieto, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), solicitó y aceptó de forma expedita la asistencia técnica especializada de más de dos docenas de países. Brigadas de rescate urbano y equipos caninos de naciones como Japón, Israel, Estados Unidos, España y Colombia arribaron a territorio nacional en cuestión de horas para incorporarse a las labores de rescate en los inmuebles colapsados.
No obstante, la celeridad institucional no libró al Ejecutivo del desgaste político. Los severos retrasos en la entrega de apoyos para la reconstrucción, los señalamientos de opacidad en el manejo del FONDEN y la profunda desconfianza social hacia la clase política convirtieron la tragedia en un catalizador más del descontento ciudadano, consolidando las condiciones para las elecciones que tendría el país en 2018.
