La propuesta de Ariana Grande ha generado un debate en la industria del entretenimiento. Algunos apoyan la idea, argumentando que la terapia obligatoria podría ayudar a prevenir problemas de salud mental y garantizar que los artistas reciban el apoyo que necesitan. Otros, sin embargo, se oponen a la idea, argumentando que la terapia debe ser una decisión personal y que obligar a los artistas a recibir terapia podría ser contraproducente.