En el mundo brillante y extravagante de Los chicos son mejores que las flores, donde la élite juvenil surcoreana se reúne en la lujosa escuela Shinhwa, los F4 se convirtieron en íconos inolvidables. Entre ellos, Song Woo-bin, aunque menos protagonista que sus compañeros, dejó una marca con su estilo elegante, su lealtad inquebrantable y su aura de misterio.