Tras la culminación de la Copa Mundial de la FIFA 2026™, el futbol mexicano abrió un profundo debate sobre la gestión de sus divisiones inferiores y la transición de las jóvenes promesas hacia el profesionalismo. En medio del análisis por los talentos que suelen perderse en el camino, la gran aparición de Gilberto Mora, mediocampista de apenas 17 años de los Xolos de Tijuana, se ha consolidado como el faro de esperanza y el espejo donde el balompié azteca debe mirarse. Y Kevin Escamilla, campeón mundial con la Sub 17, no dudó en mencionarlo.
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Las repercusiones sobre el nivel y la madurez mostrada por el joven volante en la cita mundialista no tardaron en llegar desde la voz de los propios protagonistas. En una reciente entrevista, Escamilla, campeón del mundo Sub-17 con México en 2011, se rindió ante el talento del juvenil y lanzó una contundente exigencia para los clubes de la competencia local: "Debería haber tres Gil Mora en cada equipo de la liga mexicana", sentenció con firmeza.
Para Escamilla, el éxito actual de la joven joya radica en el respaldo institucional que ha sabido blindarlo desde su precoz debut a los 15 años. "Lo más importante para un jugador es la confianza y el apoyo de su club", remarcó el mediocampista, señalando que ese cimiento es el que le ha permitido a Mora sostener el rendimiento en escenarios de máxima presión internacional.
Esta mirada crítica contrasta de manera directa con las propias vivencias de su generación dorada, de la cual —recordó con pesar— apenas un puñado de futbolistas (Antonio Briseño, Alfonso González y él mismo) lograron afianzarse en la Primera División, una pérdida de talento que atribuyó directamente a la falta de estructuras de acompañamiento y continuidad en el fútbol nacional.
