La Final de la NCAAF entre Indiana y Miami de este lunes tiene un favorito claro: los Hoosiers. Más allá del ruido mediático y el escenario en Hard Rock Stadium, el momento de Indiana es el de un equipo que no solo gana, sino que suele hacerlo con autoridad.
Who’s winning these matchups? 💪👀#CFBPlayoff #NationalChampionship pic.twitter.com/YqnSj6OLA4
— College Football Playoff (@CFBPlayoff) January 18, 2026
Indiana parte arriba en los pronósticos por dos razones que pesan como yunque: cuenta con Fernando Mendoza, el quarterback ganador del Trofeo Heisman, y llega mostrando una imagen ofensiva más sólida y constante que la de los Hurricanes. Esa combinación de talento individual y funcionamiento colectivo puede ser clave para inclinar la final en su favor si esta se mantiene con un marcador cerrado.
Indiana buscará imponer su ritmo en la final de la NCAAF
Indiana presume un argumento que se entiende sin adornos: su ataque ha sido una máquina en las semanas clave. En promedio, en sus últimos cinco compromisos, los Hoosiers han superado a sus rivales por 29.8 puntos, un diferencial que refleja control del partido, explosividad y capacidad para rematar.
Del otro lado, Miami llega con méritos para estar aquí, pero sus números recientes pintan un panorama menos dominante. El diferencial promedio de los Hurricanes en sus últimos cinco juegos es de apenas 13.8 unidades, un margen que sugiere triunfos más apretados y mayor dependencia de momentos puntuales, algo que en una final puede costar carísimo.
¿Cuál será la clave para que Miami pueda competir?
Si Miami quiere discutirle el guión a Indiana en esta Final de la NCAAF, la clave tiene nombre y apellido y se trata de Carson Beck. El quarterback de los Hurricanes ha sido productivo por aire: suma 3,581 yardas, cifra superior a las 3,349 de Mendoza, y con eso deja claro que el brazo está y el plan ofensivo existe.
Sin embargo, cuando se entra al detalle que define campeonatos, la balanza vuelve hacia los Hoosiers. Beck carga con 11 intercepciones, más que las 6 de Mendoza, y además tiene 29 pases de touchdown frente a los 41 del mariscal de Indiana, una diferencia enorme en generación de puntos desde la posición más importante.
Con Mendoza respaldado por el aura del Heisman y por una ofensiva que llega en modo aplastante, Indiana aterriza como el equipo que dicta condiciones desde el primer cuarto. Miami tiene la pólvora para responder, pero necesita un partido casi perfecto de Beck para evitar que el favoritismo se convierta en sentencia.
