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EN EXCLUSIVA: Hugo Sánchez habla sobre el precio de una ambición: se cumplen 50 años del debut del Niño de oro

Quería ser el mejor de la historia mucho antes de jugar en el Real Madrid; A 50 años de su estreno profesional, el Pentapichichi recuerda la ambición, la disciplina y las expectativas familiares que moldearon su carrera

Hugo Sanchez
Hugo Sanchez

El recreo terminaba, pero el pequeño Hugo Sánchez todavía tenía la cabeza en el balón. En su escuela primaria, un parque cercano se convertía en cancha y las horas de clase quedaban en segundo plano mientras pudiera jugar con sus amigos. Los sábados había otra oportunidad. Se reunía con sus hermanos y los vecinos para disputar partidos familiares que continuaban cuando los adultos entraban a la cancha.

Su hermano Héctor jugaba como delantero. Horacio se colocaba en la portería. Su padre también se sumaba a los encuentros. Hugo era el pequeño, el que todavía debía esperar su turno para jugar con los mayores, pero ya tenía claro que el futbol ocuparía un lugar central en su vida.

No había estadios llenos ni contratos profesionales. Había tardes de juego, competencia y una idea que comenzaba a tomar forma. Quería ser el mejor.

"Como dijo mi padre, quería ser el mejor de la historia', recuerda en entrevista con Azteca Deportes. "Yo dije. No voy a parar hasta que mi padre no quede mal con sus compadres".

La ambición tenía raíces familiares, pero Hugo la convirtió en una exigencia propia. No quería conformarse con lo que sabía hacer. Necesitaba encontrar algo que pudiera perfeccionar, una habilidad que dominar o un paso que lo acercara a su objetivo. La satisfacción no llegaba solamente por jugar. También dependía de sentir que había progresado.

"Todos los días me proponía hacer cosas que sumaran, para sumar más y ser mejor cada día. No me iba tranquilo si no había hecho algo que me mejorara", cuenta.

Este viernes 23 de octubre se cumplen 50 años de su debut profesional con Pumas, en un partido contra Tigres en el Estadio Universitario de Nuevo León. Aquel muchacho de 18 años todavía estaba lejos de los títulos que ganaría en España y de convertirse en uno de los delanteros mexicanos más reconocidos de todos los tiempos. La idea que impulsaría su carrera, sin embargo, ya estaba ahí.

El niño que tuvo que esperar para jugar en Pumas

El futbol ocupaba buena parte de los días de Hugo, aunque sus padres tenían otros planes para él. No le permitieron entrar a las fuerzas básicas de Pumas hasta que cumpliera 11 años y terminara la primaria. Primero debía completar sus estudios; después tendría la oportunidad de trasladarse a Ciudad Universitaria y comenzar su formación como futbolista.

"Terminé la primaria y fue cuando ya me dieron la oportunidad de poder trasladarme a la Ciudad Universitaria y empezar mi aventura de futbolista oficial, ya en serio, no en las cascaritas en la calle, que me la pasaba muy bien con los vecinos", recuerda.

La espera no significó abandonar el balón. En la escuela jugaba durante los recreos y antes de que terminaran las clases. En casa, los partidos con sus hermanos le ofrecían una competencia distinta. Cada encuentro alimentaba su entusiasmo por el juego y su deseo de llegar más lejos.

También estaba la escuela, una responsabilidad que su madre vigilaba de cerca. Hugo asegura que no le costaba demasiado trabajo obtener buenas calificaciones y que cada mes esperaba una recompensa que no tenía forma de trofeo.

"A mí no me costaba mucho trabajo sacar buenas calificaciones, así que todos los meses quería que mi madre mostrara esa sonrisa de orgullo, de saber que le estaba haciendo caso".

En aquella infancia convivían dos aspiraciones. Quería destacar en el futbol y también responder a la confianza de sus padres. La primera terminaría por llevarlo a los mejores escenarios de Europa. La segunda ayuda a entender por qué recuerda con tanta precisión los pequeños episodios de aquellos años.

De Ciudad Universitaria a la cima de Europa

Hugo llegó a las fuerzas básicas de Pumas en 1969. Su crecimiento lo llevó a destacar con las selecciones juveniles mexicanas y a conquistar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1975. Al año siguiente recibió la oportunidad de debutar con el primer equipo universitario.

El 23 de octubre de 1976 entró al campo ante Tigres. Pumas ganó 1-0 con un gol de Cabinho. En aquella primera temporada, Sánchez formó parte del plantel que conquistó el campeonato de Liga, el primero en la historia del club.

El muchacho que jugaba en el parque cercano a su escuela comenzaba a vivir el futbol como profesión. Después vendrían el Atlético de Madrid y el Real Madrid. Con el conjunto blanco ganó cinco Ligas consecutivas, obtuvo cuatro trofeos Pichichi y conquistó la Bota de Oro en la temporada 1989-90, cuando marcó 38 goles en el campeonato español.

Su carrera alcanzó una dimensión que pocos futbolistas mexicanos han conseguido. Pero cuando recuerda el camino, Sánchez no se limita a enumerar los títulos. Habla de lo que el juego le permitió vivir y de una pasión que comenzó mucho antes de que alguien pudiera imaginar aquellos logros.

"Lo que tengo y lo que soy es gracias al futbol. Mi vida ha sido para ello y lo he pasado muy bien', afirma.

El tiempo pasa, la exigencia permaneceA los 50 años de su debut, Sánchez siente nostalgia por todo lo vivido. Recuerda a sus amigos, los partidos familiares y los sueños que comenzó a formular cuando todavía no sabía cuántos países conocería gracias al futbol.

Su madre le repetía que la vida pasaba rápido y que esa sensación se acentuaba con los años. Ahora, al mirar cinco décadas de trayectoria, reconoce la razón de aquel consejo.

"He disfrutado mucho y desde niño. Lo que más me gustaba era jugar al futbol", dice.

Las nuevas generaciones lo han convertido en una referencia.

Él lo recibe con orgullo y mantiene un vínculo especial con Pumas, el equipo que lo formó y le dio la primera oportunidad profesional. Su historia está llena de goles memorables, títulos y distinciones, pero también de una regla que se impuso cuando todavía era un niño.

Medio siglo después de aquel debut ante Tigres, Hugo Sánchez sigue siendo recordado por las cosas grandes que hizo. La historia había comenzado mucho antes, en un parque junto a una escuela, entre partidos con sus amigos y una ambición que crecía cada vez que volvía a tocar el balón.

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