La ilusión de la afición por ver el debut de Rafael Márquez al frente de la Selección Mexicana en el mítico Estadio Azteca parece desvanecerse. Lo que inicialmente se perfilaba como una gran fiesta nacional, posiblemente ante la sorprendente selección de Cabo Verde (una de las grandes revelaciones de la Copa Mundial de la FIFA 2026™), ha chocado de frente con la realidad contractual que rige. Lejos de la magia del Coloso de Santa Úrsula, podría verse obligado a estrenarse en tierras estadounidenses, un escenario que ya genera cierto malestar.
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Según trascendió, el contrato que mantiene la Federación Mexicana de Futbol con Soccer United Marketing (SUM) condiciona de manera definitiva la agenda del equipo. Pese al deseo popular de inaugurar esta nueva era en casa, las obligaciones comerciales dictan que el debut del histórico defensa debe ocurrir en los Estados Unidos. Se baraja el 26 de septiembre como fecha tentativa para este inicio, en el marco de una serie de compromisos que incluirían enfrentamientos en el país vecino, probablemente ante los propios estadounidenses.

Este panorama ha desatado cierto malestar en la afición mexicana, ya que consideraban que, tras el respaldo incondicional brindado durante la Copa Mundial de la FIFA 2026™, el equipo merecía jugar en su propia casa. La fidelidad de la afición quedó demostrada en cada estadio donde México se presentó, logrando colmar en Guadalajara y la Ciudad de México. El impacto popular fue tal que, en el duelo de 16avos de final ante Ecuador, las autoridades reportaron una convocatoria masiva de 1.4 millones de personas reunidas en el Ángel de la Independencia y el Paseo de la Reforma, una cifra que refleja el hambre de fútbol que atraviesa el país.
De esta manera, la gestión de Márquez, que se anticipaba como un cambio de paradigma, se encuentra ahora atrapada en la tensión entre los intereses comerciales de la FMF y la euforia de un país que sueña con sostener esa linda cercanía entre el seleccionado y la gente.
