Fernando Valenzuela aprendió a despedirse sin anunciarlo. El hombre que provocó una revolución en Los Ángeles, que hizo del número 34 una insignia y convirtió cada apertura en un acontecimiento social, lanzó su última pelota como profesional lejos de las luces de Hollywood. Su carrera terminó en México, en una noche que parecía una más dentro del calendario de la Liga Mexicana del Pacífico.
Este jueves 22 de octubre se cumplen dos años de su fallecimiento. La ausencia del Toro todavía pesa en un país que encontró en su brazo izquierdo una manera de conquistar las Grandes Ligas. Su legado suele contarse a través de la Fernandomanía, los seis triunfos por blanqueada de 1981 y aquella Serie Mundial que ayudó a ganar con los Dodgers. Sin embargo, existe un capítulo mucho menos conocido, escondido en una hoja de anotaciones del 8 de noviembre de 2007.
El último juego del Toro como profesional
Aquella noche, vestido con la franela de los Águilas de Mexicali, Valenzuela enfrentó a los Tomateros de Culiacán. Entre los bateadores que se cruzaron en su camino apareció Benjamín Gil, quien años después se convertiría en el mánager de la Selección Mexicana de Beisbol. El destino reunió a dos generaciones del beisbol nacional en uno de los últimos actos deportivos del Toro.
El ponche a Gil adquiere otra dimensión con el paso de los años. Uno de los últimos bateadores que sucumbieron ante los lanzamientos del sonorense acabaría conduciendo a México a una histórica tercera posición en el Clásico Mundial de Beisbol de 2023 y en la más reciente participación tricolor en el certamen que se celebró en marzo de este año. El vínculo entre ambos representa una continuidad generacional que Valenzuela ayudó a construir desde sus primeras victorias en Estados Unidos.
La última noche de Fernando Valenzuela en un montículo
El escenario fue Culiacán, Sinaloa. Valenzuela tenía 47 años y conservaba ese movimiento tan suyo, la mirada dirigida al cielo antes de soltar la pelota, un gesto que durante los años ochenta se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del deporte.
Detrás del plato estaba Gabriel Gutiérrez, un joven receptor que había llegado a Mexicali después de renunciar a la posibilidad de participar en un torneo internacional juvenil. Años después, en una entrevista con Excélsior, recordó que todavía recibía el famoso screwball de Fernando y una recta que alcanzaba las 84 millas por hora.
El juego terminó por convertirse en un testimonio involuntario del final de una época. En la parte baja del quinto inning, Karim García, otro mexicano con experiencia en Grandes Ligas, conectó un doble hacia el jardín derecho. Valenzuela abandonó el encuentro y nunca volvió a lanzar profesionalmente.
El hombre que hizo de Los Ángeles una ciudad mexicana
La magnitud de Fernando Valenzuela siempre resultó demasiado grande para reducirla a sus estadísticas. Su llegada a los Dodgers transformó la relación de la comunidad mexicana con el beisbol de Los Ángeles y convirtió al Dodger Stadium en un espacio de identidad cultural.
En 1981, un joven nacido en Etchohuaquila, Sonora, conquistó los premios al Novato del Año y Cy Young de la Liga Nacional en la misma temporada, una combinación que ningún otro pelotero ha conseguido. También fue protagonista del campeonato de Serie Mundial frente a los Yankees de Nueva York.
Su carrera en Grandes Ligas terminó con 173 victorias, 2,074 ponches y una efectividad de 3.54, aunque su influencia fue mucho más allá de las cifras.
June 29, 1990: Fernando Valenzuela tosses a no-hitter against the Cardinals at Dodger Stadium. Vin Scully on the call. https://t.co/vGq5hTJM3V
— This Day In Sports Clips (@TDISportsClips) June 30, 2025
Valenzuela apareció en murales, conversaciones familiares, camisetas y recuerdos que pasaron de padres a hijos. El número 34 dejó de ser una simple identificación deportiva. Los Dodgers lo retiraron oficialmente en 2023, cuando la Fernandomanía ya llevaba más de cuatro décadas formando parte de la memoria de Los Ángeles.
Dos años sin el Toro, una huella que permanece
Fernando Valenzuela falleció el 22 de octubre de 2024, a los 63 años, pocos días antes de que los Dodgers comenzaran una Serie Mundial frente a los Yankees, los mismos rivales a los que había derrotado en el otoño que lo convirtió en leyenda.
Dos años después, su historia permite regresar a aquel encuentro en Culiacán y encontrar una escena que resume la dimensión de su trayectoria. Benjamín Gil, protagonista de una nueva generación del beisbol mexicano, quedó vinculado a uno de los últimos ponches de Valenzuela. Karim García conectó el batazo que precipitó su salida. Gabriel Gutiérrez conservó el privilegio de recibir sus últimos lanzamientos.
El Toro se marchó del montículo sin saber que acababa de hacerlo por última vez. Había pasado de los campos de Sonora a las noches más importantes de las Grandes Ligas y regresado al beisbol mexicano, donde su historia encontró el punto final.
La Fernandomanía, en cambio, nunca necesitó una última entrada.












