A estas alturas es prácticamente imposible esconder la crisis por la que atraviesa el Hospital General de México “Eduardo Liceaga”. Todo comenzó con gusanos en la comida y un brote de gastroenteritis por Salmonella entre médicos residentes.
Pero eso fue solo la punta del iceberg, porque al entrar al hospital, el panorama fue devastador. En el área de Geriatría, ratas que se pasean libremente en las zonas de trabajo de los médicos.
No en bodegas, no en rincones ocultos: en los espacios donde se atiende a los pacientes más vulnerables del país. Mientras que los tiempos de espera son inhumanos.
Pacientes con cáncer de mama que debían recibir tratamiento en 5 o 6 meses, esperaron más de un año. En urgencias, los baños para personas con discapacidad fueron convertidos en bodegas. Los lavamanos no funcionan. Hay fugas de agua en todos lados.