Como ya se ha vuelto una costumbre en la dinámica de Morena, las trampas a la legislación electoral se disfrazan con nombres rimbombantes para eludir al árbitro institucional. Bajo la figura del “Coordinador de Defensa de la Transformación y la Soberanía”, Morena inició el reparto anticipado de sus candidaturas para las gubernaturas que se disputarán en 2027. Sin embargo, mientras el Instituto Nacional Electoral (INE) omite fiscalizar estos actos extemporáneos, al interior del movimiento la proclamada “unidad” se desmorona entre grillas, patadas por debajo de la mesa y reclamos abiertos de perfiles que se sienten desplazados por los acuerdos de cúpula.
El desfile de perfiles bendecidos por la dirigencia desató incendios locales en prácticamente todas las entidades. En Aguascalientes le dieron luz verde a Nora Ruvalcaba en su tercer intento por la gubernatura; en Campeche eligieron a Pablo Gutiérrez Lazarus, un expanista arrastrado por denuncias de peculado y desvío de recursos; en Querétaro impulsaron a Santiago Nieto, perfil rodeado de cuestionamientos sobre su patrimonio; mientras que en Sinaloa, Imelda Castro intenta desmarcarse a marchas forzadas de su antiguo aliado Rubén Rocha Moya.
Asimismo, la designación de Beatriz Mojica en Guerrero provocó la furia de la alcaldesa de Acapulco, Abelina López, quien acusó al partido de simular “encuestas de papel”.