La instrucción pública en territorio nacional atraviesa una etapa de profunda inestabilidad que compromete el porvenir de las nuevas generaciones. Actualmente, el panorama educativo se describe como un esquema carente de objetivos claros, donde la infraestructura se desvanece y el cuerpo docente permanece en el olvido. Esta crisis multidimensional está desarticulando las posibilidades de desarrollo para millones de jóvenes mexicanos; así las escuelas en ruinas en México.
Planteles en el abandono y descuido magisterial
El deterioro físico de los centros escolares es una realidad que impacta a cuatro de cada diez instituciones en el país. Estos espacios de aprendizaje operan en condiciones de precariedad extrema, careciendo de servicios elementales como energía eléctrica, suministro de agua potable o mobiliario básico funcional. La carencia de insumos esenciales convierte a las aulas en entornos hostiles para el estudio, reflejando un abandono sistémico por parte de las autoridades correspondientes.
Aunado a la crisis material, los profesores enfrentan una desatención financiera crítica en su formación profesional. Datos proporcionados por instituciones como el Tec de Monterrey y México Evalúa revelan que el presupuesto anual destinado a la capacitación de los mentores es irrisorio. En promedio, se asignan apenas ciento sesenta y seis pesos para este rubro en todos los niveles académicos.
No obstante, la situación se agrava en los grados de primaria y secundaria, donde la cifra desciende a noventa y un pesos por docente. Al respecto, el investigador Marco Antonio Fernández cuestiona la viabilidad de fortalecer las competencias didácticas de los educadores ante una inversión tan limitada, lo que impide alcanzar los aprendizajes requeridos por el alumnado.
Extinción de la evaluación y falta de planeación
La problemática se extiende a la pérdida de información estratégica para el diagnóstico del sistema. Con la desaparición de Mejoredu, se anularon dos décadas de registros acumulados sobre la evaluación académica en la nación. Sin mecanismos de medición confiables, el rumbo de la enseñanza se vuelve incierto. María Teresa Gutiérrez, especialista en monitoreo de indicadores de Mexicanos Primero, señala una preocupante falta de alineación en las estrategias actuales.
La experta critica que se pretendan medir mejoras educativas mediante el conteo de publicaciones en plataformas digitales, una métrica que carece de rigor y no ofrece soluciones reales para el progreso pedagógico.
La negligencia administrativa también se manifiesta en la ausencia de programas sectoriales obligatorios en diversas entidades federativas. Este incumplimiento normativo obstaculiza la transparencia y la rendición de cuentas ante la sociedad. Un caso emblemático es Tlaxcala, estado que está por concluir su periodo gubernamental sin haber publicado jamás su plan educativo. En otras regiones, la desorganización es todavía más elemental; Colima, por ejemplo, ni siquiera cuenta con un registro preciso sobre la localización geográfica de sus escuelas de nivel básico.
Un futuro comprometido por la burocracia
Finalmente, estados como Michoacán y Oaxaca han presentado sus planes de trabajo con retrasos de varios años, evidenciando una cultura de planeación deficiente y diagnósticos imprecisos. La combinación de programas obsoletos, edificios devastados y una nula inversión en el capital humano del magisterio está provocando el desmoronamiento del aprendizaje. Mientras persista este olvido presupuestario y administrativo, el sistema pedagógico continuará a la deriva, sacrificando el potencial de los estudiantes bajo una estructura en ruinas.