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El funeral del Líder Supremo: La puesta en escena que esconde la fractura de un Irán a la deriva

Este fin de semana iniciaron los funerales del Líder Supremo asesinado en febrero de este año al inicio de la guerra. Coinciden con la celebración del 250° aniversario de EU.

Funeral de Ali Khamenei
|Reuters

A simple vista, las calles de Teherán muestran la imagen que el régimen de la República Islámica de Irán quiere que el mundo vea: millones de personas vestidas de luto, banderas ondeando, marchas militares y los principales rostros del gobierno y el ejército caminando hombro con hombro.

Este fin de semana comenzaron los funerales de Estado de una semana para despedir al ayatolá Alí Khamenei. Pero esta demostración de fuerza y resistencia tras meses de devastadora guerra con Estados Unidos e Israel es solo un espejismo. Detrás de la procesión, la cúpula del poder en Irán se está despedazando en una batalla interna que amenaza con salirse de control.

Lo más extraño y que levanta sospechas del funeral es, irónicamente, el hombre que debería encabezarlo: el ayatolá Mojtaba Khamenei, de 56 años, hijo del líder asesinado y nombrado sucesor en marzo. Mojtaba no ha sido visto en público una sola vez desde que asumió el cargo. De hecho, ni siquiera apareció esta semana en el memorial de su propia esposa y su hijo adolescente, quienes murieron junto al viejo líder cuando las fuerzas israelíes y estadounidenses bombardearon el complejo familiar. Fuentes de la Guardia Revolucionaria confirman que el nuevo líder quiere asistir al entierro final en la ciudad santa de Mashhad el 9 de julio, pero sus jefes de seguridad se lo han prohibido porque temen que Israel localice su escondite y lo asesine en pleno funeral.

Negociar con EU o seguir aislándose de occidente

La ausencia del nuevo ayatolá ha dejado un vacío de poder que los políticos y militares están aprovechando para pelear en público como nunca antes. La muerte del líder absoluto rompió el equilibrio y dividió a los conservadores en dos bandos irreconciliables que luchan por el alma del país.

  • Los pragmáticos (a favor del acuerdo): Este bloque, que incluye al presidente Masoud Pezeshkian, al jefe del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf y a los principales generales de la Guardia Revolucionaria, sabe que el país está ahogado. Con un bloqueo naval estadounidense que amenaza con agotar la comida y las medicinas, lograron convencer en secreto al nuevo líder de aceptar un alto al fuego y negociar directamente un gran acuerdo económico con la administración de Donald Trump y JD Vance. Su lema es pragmático: "La gente solo quiere vivir".
  • Los radicales: Una minoría radical e influyente considera cualquier plática de paz como una traición a la patria y una cobardía. Controlan la televisión estatal y organizan protestas nocturnas donde exigen la cabeza y la ejecución de los negociadores. "¡Escupo en esta era donde matan a nuestro líder y hablamos de paz con Estados Unidos!", gritó el estratega Hassan Rahimpour-Azghadi en Teherán, mientras los manifestantes rayan las paredes del funeral con frases como "Maldito sea el que negocie".

¿Podría estar cerca un golpe de Estado?

La tensión es tan alta que la censura y los ataques ya se transmiten en vivo. La semana pasada, cuando el jefe del Parlamento, Ghalibaf, explicaba en televisión nacional los detalles del acuerdo de cese al fuego, la transmisión fue cortada abruptamente por órdenes del director de la cadena, un ultrarradical alineado con el bando de la venganza. Al mismo tiempo, el ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, fue abucheado e increpado por peregrinos radicales durante los preparativos del funeral, llamándolo "apaciguador" y traidor. En los pasillos de la política, algunos legisladores de la línea dura ya se preguntan abiertamente en redes sociales si el gobierno no está organizando un "semi-golpe de Estado" a espaldas del nuevo Líder Supremo.

Esta transición marca un cambio radical en el mapa del poder en Irán, pasando de la "época del padre", caracterizada por un poder absoluto y dictados unilaterales donde nadie cuestionaba las decisiones del Líder Supremo y sus órdenes se cumplían sin debate, a la "época del hijo", donde se empieza a dibujar un poder compartido y colegiado. Este giro quedó en evidencia cuando el vicepresidente ejecutivo afirmó públicamente que la opinión del nuevo líder es simplemente una más y debe ser debatida en el Consejo de Seguridad, una apertura al diálogo interno que habría sido completamente impensable bajo el régimen anterior.

Al final, lo que está en juego es el diseño del Irán del futuro. Históricamente, las peleas políticas en Teherán eran entre reformistas occidentales y conservadores religiosos. Hoy, con los reformistas fuera del mapa, son los propios guardianes del régimen los que se canibalizan entre sí. Por primera vez en casi cuatro décadas, funcionarios del gobierno se atreven a decir en voz alta que la opinión del Líder Supremo no es la última palabra, sino una postura más que debe ser debatida en el Parlamento. Una declaración que habría sido impensable bajo el mandato del fallecido Khamenei y que demuestra que, una vez que terminen los funerales, quien quede a cargo de ahora en adelante, cambiará para siempre las reglas del juego en el Medio Oriente.

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