El Instituto Nacional Electoral (INE) arranca el proceso rumbo a 2027 bajo una fuerte sombra de sospecha sobre su independencia. Exconsejeros como Marco Antonio Baños y Leonardo Valdés Zurita advirtieron que el organismo parece responder a las incomodidades de la Presidencia antes que a su labor institucional, señalando que la consejera presidenta, Guadalupe Taddei, antepone intereses personales. A esto se suman los cuestionamientos por el nepotismo de Taddei al colocar a hijos, primos y sobrinos en cargos públicos, así como las acusaciones de abuso de autoridad tras exigirse al nuevo partido Somos México cambiar su nombre, logo y colores.
La falta de certeza en el árbitro electoral resulta crítica debido a todo lo que estará en juego durante la contienda de 2027. En las urnas se definirán 17 gubernaturas, miles de alcaldías, congresos locales y, principalmente, los 500 espacios de la Cámara de Diputados, órgano clave para aprobar el presupuesto y frenar excesos del gobierno. Exconsejeros como Arturo Sánchez enfatizaron que estas arbitrariedades minan la confianza ciudadana justo cuando arranca un proceso donde la oposición ya se siente atacada desde el poder y desde la propia autoridad electoral.