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Impulso al fracking podría reactivar a Pemex y la economía

México reabre el debate sobre fracking ante tensiones globales y demanda energética, mientras crecen presiones por inversión, soberanía y futuro económico.

En medio de un escenario internacional marcado por conflictos como la guerra en Medio Oriente y las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, el debate energético en México ha tomado un nuevo giro. La necesidad de garantizar seguridad energética y competitividad económica ha obligado al gobierno federal a replantear posturas que durante años fueron consideradas inamovibles dentro del proyecto político del expresidente Andrés Manuel López Obrador.

Especialistas y voces del sector privado coinciden en que el país enfrenta un momento decisivo: adaptarse a las nuevas condiciones globales o rezagarse. En este contexto, resurgen propuestas como el uso del fracking, una técnica que permite extraer gas y petróleo atrapados en formaciones rocosas profundas mediante la inyección de fluidos a alta presión.

Fracking: recurso estratégico y debate político

México cuenta con importantes reservas de hidrocarburos, particularmente en regiones como la Cuenca de Burgos. De acuerdo con diversas estimaciones, estos recursos podrían abastecer la demanda energética nacional durante décadas, incluso hasta 200 años. Sin embargo, su aprovechamiento depende del uso de tecnologías como el fracking, que ha generado controversia por sus posibles impactos ambientales.

El empresario Ricardo B. Salinas Pliego ha sido una de las voces más visibles a favor de esta técnica. A través de sus redes sociales, el presidente de Grupo Salinas respaldó la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum y planteó que la independencia energética es clave para cualquier nación soberana.

Entre sus argumentos destaca que el crecimiento económico requiere grandes cantidades de energía, especialmente ante el auge de nuevas industrias como los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Además, advirtió que Pemex enfrenta una situación financiera compleja, por lo que necesita diversificar sus fuentes de ingresos.

Lecciones del pasado y riesgos de corrupción

No obstante, el impulso al fracking también ha abierto un debate sobre la capacidad institucional del país para gestionar proyectos de gran escala sin repetir errores del pasado. Analistas han señalado que experiencias previas en infraestructura energética han estado marcadas por sobrecostos, opacidad y presuntos actos de corrupción.

En este sentido, se ha insistido en que cualquier desarrollo del fracking debe garantizar transparencia, regulación estricta y participación de actores con experiencia técnica comprobada. La preocupación radica en evitar que estos proyectos queden en manos de grupos sin la capacidad necesaria o vinculados a intereses políticos.

Tecnología, medio ambiente y competitividad

Defensores del fracking sostienen que los avances tecnológicos han permitido reducir significativamente su impacto ambiental. Entre las prácticas actuales se incluyen la reutilización del agua, el uso de aditivos menos tóxicos, la perforación horizontal, el monitoreo sísmico en tiempo real y la captura de emisiones de metano.

Además, subrayan que países como Estados Unidos han logrado consolidar su soberanía energética gracias a esta técnica. De hecho, gran parte del gas que México importa proviene de yacimientos explotados mediante fracking en Texas.

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