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¿El sorteo que prometía esperanza se convierte en tragedia en Chiapas?

La rifa del avión presidencial prometía un futuro brillante para la comunidad de El Nacimiento, pero la tensión social se desató tras la malversación de fondos.

Lo que inició como una proclama de justicia social y una supuesta reparación para los sectores más vulnerables de México , terminó convirtiéndose en el motor de la desgracia para los habitantes del ejido El Nacimiento, en Chiapas.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, tras fracasar en la venta directa de la aeronave presidencial, optó por organizar un sorteo nacional, calificando el proceso como una oportunidad para que el pueblo pobre disfrutara de un premio sin precedentes. Sin embargo, la realidad en este rincón indígena de la etnia tzeltal dista mucho de la celebración oficial.

El sorteo presidencial prometió cambiar vidas, pero generó caos en El Nacimiento, Chiapas

El jardín de niños José María Morelos y Pavón fue una de las cien instituciones beneficiadas con un boleto premiado. El número 4344899 resultó ganador de 20 millones de pesos, una cifra que prometía transformar una escuela que hoy sobrevive con cristales rotos, mobiliario insuficiente y pizarrones deteriorados.

Los planes de la comunidad eran ambiciosos y fundamentales para su supervivencia: el dinero se destinaría a la edificación de un nuevo centro educativo, la instalación de tuberías para obtener agua potable —ya que actualmente consumen agua del río— y la pavimentación de los caminos locales. Además, el proyecto incluía la construcción de la primera iglesia de gran tamaño para el pueblo.

No obstante, el flujo de recursos desató una tragedia interna. Tan pronto como el monto fue depositado, la esperanza dio paso a una crisis de convivencia y violencia.

La corrupción y la falta de regulación desataron violencia y desplazamientos forzados

El comité local, conformado por los mismos pobladores para gestionar el capital, fue señalado de malversar y sustraer los fondos. Esta acusación fracturó la cohesión social de los indígenas, provocando enfrentamientos físicos y el desplazamiento forzado de 28 familias. El tejido social colapsó ante la ausencia de una normativa clara por parte del Gobierno Federal, que entregó el premio en una zona de alta marginación sin proporcionar protección ni mecanismos de transparencia.

Las familias que se vieron obligadas a huir no solo perdieron su tranquilidad, sino también sus hogares, pertenencias y terrenos, los cuales fueron posteriormente objeto de saqueos.

Ante la magnitud del caos, los afectados emprendieron dos viajes hasta la Ciudad de México para solicitar la intervención directa del impulsor de la rifa en Palacio Nacional. Los pobladores denuncian que, a pesar de los gastos y el tiempo invertido para llegar al Zócalo, fueron ignorados sistemáticamente. Sus peticiones terminaron en una ventanilla de atención sin que existiera mediación alguna por parte de las autoridades federales.

Habitantes acusan al gobierno de demagogia y abandono tras la fallida entrega de recursos

Hoy, los habitantes de El Nacimiento describen la gestión gubernamental como simple demagogia y palabras vacías. La crítica local apunta a que el mandatario capitalizó el impacto mediático de la entrega de los premios, pero desamparó a la comunidad cuando esta comenzó a desmoronarse debido a la mala ejecución del programa.

Sin la remodelación escolar, sin agua potable y con una población dividida y exiliada, El Nacimiento enfrenta actualmente una situación de pobreza y abandono aún más profunda que antes de recibir el polémico galardón.

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