Teresa confiesa que, de joven, le encantaba el relajo y por eso le quitaron el derecho de ser madre; ahora se arrepiente. Sin embargo, ahora está dispuesta a ayudar a Verónica, quien creció engañada; sólo pide tiempo para organizarse y ver cómo le ayuda. Ahora, Teresa le pide a su otra hija que entienda que Verónica las necesita, pues siente que se lo debe.