La complejidad del cuerpo humano puede palparse en las diferentes afecciones que podemos tener o dolencias que podemos padecer. Cualquier desarreglo en nuestra vida puede percibirse en nuestro organismo y es por ello que los especialistas de la salud aconsejan cuidarnos.
En este marco, hoy el foco se posa sobre una enfermedad que afecta a una gran cantidad de personas y que no tiene una cura definitiva. Se trata de la artritis reumatoide, que es de origen autoinmune y afecta principalmente a las articulaciones.
¿Qué es la artritis reumatoide?
Fuentes bibliográficas relacionadas con temas de salud precisan que en la artritis reumatoide, a diferencia de la osteoartritis, el propio sistema inmunológico ataca por error el revestimiento de las articulaciones, lo que provoca una inflamación dolorosa que puede terminar destruyendo el cartílago y el hueso.
Desde el Instituto Mayo Clinic precisan que diagnosticar la artritis reumatoide puede ser difícil en sus etapas iniciales y esto se debe a que los síntomas tempranos pueden ser similares a los de otras afecciones comunes.
Alimentos antiinflamatorios
Como se mencionó anteriormente, la artritis reumatoide no tiene cura definitiva pero existen diferentes alternativas para poder adaptarse a esta enfermedad. Al respecto, el Instituto Nacional de Artritis y Enfermedades Musculoesqueléticas y de la Piel (Estados Unidos) señala que hay varias cosas que pueden hacerse que ayudan a aprender acerca de la artritis reumatoide: descanso y ejercicio; cuidado de las articulaciones; observación de los síntomas; manejo del estrés; control de la salud mental y llevar una dieta saludable.
En este marco, un resumen de las recomendaciones de reumatólogos apuntan a la alimentación variada y rica en ingredientes de buena calidad ya que resulta clave para moderar los procesos inflamatorios persistentes vinculados con diversas enfermedades crónicas como la artritis reumatoide. A continuación se detallan los alimentos más adecuados como antiinflamatorios:
- Pescados grasos: Variedades como el salmón, la sardina, la caballa, el arenque y la anchoa que actúan como las principales fuentes de omega-3 de cadena larga, vinculados directamente con los mediadores de la respuesta inflamatoria y la reducción de marcadores como la proteína C reactiva.
- Cerezas ácidas: Frutas que aportan polifenoles y pigmentos naturales como las antocianinas, siendo uno de los alimentos más estudiados por su relación con la reducción de brotes en afecciones inflamatorias como la gota.
- Aceite de oliva extra virgen: Un componente central del patrón mediterráneo destacado por su perfil de ácidos grasos insaturados y su contenido de compuestos fenólicos, entre ellos el oleocantal, investigado por sus mecanismos biológicos contra la inflamación.
- Verduras de hoja verde: Alimentos como la espinaca, el kale, la acelga, la rúcula y la berza que aportan fibra, folato, vitamina K y carotenoides, los cuales contribuyen a una microbiota intestinal diversa favorable para la regulación inmunológica.
- Nueces y semillas de lino: Opciones que aportan ácido alfa-linolénico (una forma vegetal de omega-3), además de fibra y compuestos fenólicos, valoradas por su gran densidad nutricional y su fácil incorporación en las comidas diarias.









