La decisión de vivir con su padre fue difícil para Zoë Kravits, ya que significaba dejar atrás la vida tranquila y sencilla que llevaba con su madre.
La ausencia frecuente de Lenny Kravitz, debido a las giras musicales, le permitió a Zoë desarrollar una mayor independencia. A menudo salía de noche y exploraba la ciudad, viviendo una vida más adulta a una edad temprana.