La etapa de Checo Pérez en Red Bull Racing dejó podios, victorias y un subcampeonato mundial. Pero también dejó algo más profundo: desgaste. Mucho desgaste. Y por primera vez, el piloto mexicano decidió decirlo sin rodeos.
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La historia de Checo Pérez y Red Bull llega a su fin
En una charla reciente con Cracks Podcast, Checo describió su experiencia dentro del equipo austriaco con una frase que no pasó desapercibida: “Todo era un problema”. No se trató de una declaración impulsiva ni de una queja tardía, sino de una reflexión fría sobre un entorno que, con el tiempo, se volvió imposible de manejar.
Lejos del discurso clásico de “no fue fácil”, Pérez explicó que no importaba lo que hiciera en pista: el resultado siempre generaba tensión.
Si era rápido, incomodaba. Si era más lento que Max Verstappen, también. La ecuación, según él, no tenía solución.
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Cuando rendir bien también era un problema
Checo explicó que el contexto dentro de Red Bull era extremadamente delicado. Compartir garaje con Max Verstappen, en el equipo construido alrededor del neerlandés, convertía cada fin de semana en una prueba psicológica.
“Si yo era más rápido que Max, era un problema. Si era más lento, también lo era”, explicó. El mensaje es claro: no existía un escenario cómodo para el segundo piloto, incluso cuando los resultados acompañaban.
Y eso es clave para entender por qué, pese a terminar tercero en el campeonato en 2022 y subcampeón en 2023, la percepción externa sobre su rendimiento fue mucho más dura de lo que indican los números.
Pérez reconoce que el reto era enorme, pero también subraya algo que, con el tiempo, se fue olvidando: ser compañero de Verstappen en Red Bull es, al mismo tiempo, el mejor y el peor asiento de toda la Fórmula 1.
