La etapa de Checo Pérez en Red Bull Racing estuvo marcada por podios, victorias… y una presión interna que pocas veces se vio desde fuera. Ahora, ya lejos del equipo y con una nueva etapa por delante, el piloto mexicano decidió contar una anécdota que retrata con crudeza el ambiente que se vivía puertas adentro cuando el rendimiento no era el esperado.
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La historia de Checo Pérez y Red Bull llega a su fin
Durante una charla relajada, Checo explicó que, apenas en sus primeras carreras con el equipo austriaco, comenzaron las señales de alerta. No por accidentes ni errores graves, sino porque los resultados simplemente no llegaban con la rapidez que Red Bull exige. La solución que le pusieron sobre la mesa fue inmediata: apoyo psicológico.
Para Pérez, el mensaje fue claro. Más allá de ajustes técnicos o adaptación al auto, el foco estaba en lo mental. La presión por rendir junto a Max Verstappen era total, incluso desde los primeros meses.
La llamada que terminó costando miles… y diciendo mucho más
Checo relató que aceptó el contacto con el especialista, aunque la situación nunca pasó de una primera llamada. Sin embargo, días después ocurrió algo que hoy recuerda entre risas, pero que en su momento fue un reflejo del clima interno del equipo: apareció una factura elevada por el servicio psicológico.
La sorpresa no fue solo el monto, sino el contexto. Aquella llamada breve terminó convirtiéndose en un símbolo de cómo Red Bull buscaba respuestas rápidas en un entorno donde cada décima cuenta y donde el margen de error es mínimo. Para Checo, el episodio quedó como una anécdota, pero también como una señal de que el foco no siempre estaba donde debía.
Con el paso del tiempo, los resultados mejoraron. Llegaron las victorias, los podios constantes y un subcampeonato del mundo. Sin embargo, la tensión nunca desapareció del todo.
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Cuando el problema no es la mente, sino el auto y el entorno
Pérez también fue claro al reflexionar sobre los últimos años de su paso por Red Bull. Admitió que hubo momentos en los que incluso él mismo dudó y se preguntó si necesitaba ayuda extra para sostener la presión. Pero con perspectiva, entendió que el verdadero problema iba más allá.
Con un monoplaza impredecible y un entorno cada vez más hostil, el mexicano reconoció que es casi imposible rendir al máximo cuando el piloto entra a la pista pensando más en sobrevivir que en atacar. Aun así, destacó que soportar ese nivel de exigencia durante tanto tiempo solo está al alcance de pilotos con una fortaleza mental fuera de lo común.
