A un año de su partida, el 21 de abril de 2025, el impacto del pontificado de Jorge Mario Bergoglio resuena con más fuerza en un mundo que parece haber perdido la brújula. Francisco abrió las puertas de la Iglesia Católica a todos los que quisieran acercarse, incluso a quienes milenariamente habían sido catalogados como parias e indeseables. El primer Papa Jesuita de la historia, ya que en la Compañía de Jesús toman un voto de no ocupar altos cargos eclesiásticos.
El Papa que rompió el protocolo de la distancia
Desde aquel primer "fratelli e sorelle, buonasera" en 2013, Francisco dejó claro que su pontificado no se trataría de él, sino de los demás. Su primera gran aportación al mundo fue la desacralización del poder.
- La sencillez como mensaje: Al rechazar los departamentos lujosos, la vestimenta y calzado rojo tradicional para seguir usando sus zapatos negros de siempre, Francisco dejó claro que su prioridad era la cercanía.
- El beso a la llaga: Sus gestos —abrazar a personas con enfermedades desfigurantes o lavar los pies de presos y mujeres de otras religiones— no fueron fotos de prensa, sino puentes tendidos hacia la dignidad humana.
La Ecología como parte de sus prioridades: Un profeta para el planeta
Antes de Francisco, el cuidado del medio ambiente se veía como un tema político o científico. Él lo elevó a la categoría de imperativo moral. Con su encíclica Laudato Si’, Francisco aportó al mundo un concepto revolucionario: la ecología integral. Nos enseñó que no podemos cuidar la selva si no cuidamos al indígena que vive en ella, y que no podemos combatir la pobreza si no detenemos la destrucción del clima. Para Francisco, el "grito de la tierra" y el "grito de los pobres" eran un mismo lamento. Fue el primer líder global en señalar que una economía que "mata" no puede ser una economía bendecida por la ética.
Diplomacia y Paz
Francisco aportó una nueva forma de hacer política internacional. Él no creía en las grandes cumbres de escritorio, sino en lo que llamaba la "artesanía de la paz".
- Sin miedo al conflicto: Se metió en el corazón de las guerras, desde la República Centroafricana hasta Irak, llevando un mensaje de fraternidad universal.
Puentes sobre muros: En un siglo XXI obsesionado con levantar muros, él se dedicó a construir puentes. Su legado es el de un mediador que no buscaba la victoria de un bando, sino el encuentro de los hermanos.
Quizás su mayor aporte diferente fue cambiar el enfoque de la fe. Francisco pasó de una Iglesia que juzgaba desde el púlpito a una Iglesia que escuchaba en la calle.
- La revolución de la inclusión: Francisco se atrevió a preguntar "¿Quién soy yo para juzgar?", una frase que cambió la vida de millones de personas que se sentían excluidas por su orientación sexual o su situación familiar.
- El fin del clericalismo: Luchó contra la idea de que los sacerdotes eran una casta superior, pidiéndoles que tuvieran "olor a oveja", es decir, que vivieran la realidad de sus comunidades.
El legado del vacío: La silla que sigue esperando
Hoy, a un año de su fallecimiento, el mundo siente su ausencia. Francisco nos dejó una Iglesia que ya no puede retroceder después de sus enseñanzas, cuyo mayo cambio fue la mirada
atrás; una Iglesia que ha probado el sabor de la libertad evangélica y de la misericordia sin límites. Su gran diferencia fue que no nos dejó leyes nuevas, sino una mirada nueva.
Nos enseñó que la verdadera santidad no está en la perfección, sino en la compasión. Francisco no nos dio un mapa para llegar al cielo, nos dio un par de zapatos usados para caminar por la tierra, recordándonos que el mayor acto de fe es, simplemente, amar al que nadie ama.